EL monótono horizonte planteado ayer, entre otros espinosos cactus del árido desierto, que recibe la presente administración: El sistema de salud está colapsado. Falta de medicinas e insumos en los hospitales públicos; el sistema sanitario de pésima calidad cuando pacientes, que requieren asistencia de emergencia, tienen que esperar meses enteros, angustiados por los trámites de cupo de la enmarañada burocracia.
El desempleo desbocado sin la válvula de escape migratoria de antes, paliativo a la inexistencia de trabajos dignos en el país, –a no ser el costoso paracaidismo con que carga el gobierno de militantes cuya ineptitud no califica para trabajar en otro lado– dadas las estrictas medidas de ingreso y las deportaciones de los EE. UU. Y la educación que se imparte de pésima calidad.
Con rezago de 3 años en los planes de estudio comparado a otros países del entorno regional. Currículos académicos universitarios desfasados –que enseñan para un mundo que ya no existe– alejados de satisfacer la demanda real del mercado laboral.
Profesionales –graduados en bandadas de las distintas universidades en carreras que no se ocupan– no encuentran trabajo al salir. Quizás, la emergencia ocupe cierto empeño del poder a la mera entrada: Salud: “Declarar emergencia de abastecimiento con compras rápidas pero auditables (precios de referencia, actas públicas, veeduría).
Lista crítica única nacional (20-40 fármacos e insumos vitales) y distribución semanal con tablero público: qué llegó, a qué hospital, cuánto costó”. “Cortar fugas: control de inventarios, caducidades, robo y “compras por urgencia” repetidas”. “Gestión de colas y emergencias (para que no esperen meses)”. Descongestión quirúrgica: “jornadas extendidas/fin de semana para cirugías y consultas represadas, pagadas por productividad y con control clínico”. Referencias y contrarreferencias: “que la atención primaria resuelva lo resoluble y el hospital reciba lo complejo (hoy suele ser al revés)”.
Telemedicina y triaje digital para citas (aunque sea básico): “priorizar por riesgo, no por orden de llegada”. “Reordenar turnos y cubrir vacantes críticas (anestesia, emergencias, enfermería) con contratos temporales transparentes”. “Protocolos de emergencia y abastecimiento mínimo por servicio (UCI, quirófano, pediatría, maternidad)”.
Empleo –plan conjunto con el sector empresarial– e impacto económico: “Restituir la Ley del Empleo por Hora”. “Diseñar y ejecutar un plan de empleo rápido (obra pequeña, impacto grande). Programas intensivos de mano de obra: mantenimiento vial, escuelas, agua, barrios, drenajes, reforestación, limpieza de cauces. Esto da empleo ya, mejora servicios y reduce conflictividad”.
“Pago acelerado de deuda del Estado a proveedores pequeños (si existe), y crédito con garantía parcial para capital de trabajo”. “Simplificación de trámites y permisos (ventanilla única) y compras públicas con cupo para MIPYMES con trazabilidad”. Reinserción de deportados: “Bolsa de empleo y certificación rápida”: “Evaluar habilidades, certificar oficios (soldadura, construcción, logística, «call center», agro), y colocación con incentivos temporales a empresas”. “Apoyo psicosocial y legal básico para retorno (reduce recaída en migración irregular y violencia)”. Migración: si la válvula se cerró, hay que abrir válvulas internas: “Reorientar política exterior a acuerdos de trabajo temporal y formación técnica certificable (aunque sea limitado, es mejor que cero)”.
“Fortalecer programas de retorno productivo (microemprendimientos con acompañamiento, no solo “capital semilla”)”. Educación: recuperar los años perdidos y alinear al mercado: “Diagnóstico nacional simple (lectura, matemática) y “plan de nivelación” 12 meses con materiales y tutorías”.
(“Exigencia de lectura de libros no depender solo de lo digital. La inclusión de materias orientadas a la empatía, al contacto personal, a la resolución de problemas, la creatividad y el pensamiento crítico, el civismo y las habilidades de liderazgo. Limitar el uso de los chunches digitales e incentivar la conversación, el contacto personal, y el recreo en juegos compartidos”).
“Enfocar 1–2 horas diarias a habilidades base; sin eso, todo currículo es maquillaje”. Currículo y formación técnica conectada al empleo: “Reformar bachilleratos/técnicos con participación empresarial y universidades: logística, agroindustria, turismo, programación básica, mantenimiento industrial, salud auxiliar”.
“Modelo dual (práctica en empresa) y pasantías obligatorias. Formación docente corta y práctica (didáctica de lectura y matemática), con acompañamiento en aula”. “Asistencia, calendario escolar real y supervisión: sin cumplimiento, no hay reforma”. “Dar vida a ese aletargado Consejo de Educación Superior que reúne a los rectores de las universidades con el fin de hacer una revisión a fondo de los currículos académicos que se ofrecen actualmente y adecuar la oferta a las necesidades reales del mercado laboral”.
(Solo algunas ideas –tercia el Sisimite– pero sin duda a otros se les ocurran otras más. -Solo que de lo dicho a lo hecho –ironiza Winston– hay tanto trecho. Aparte que consejos no solicitados, caen en oídos sordos. Por eso –los pidan o no– ya estamos curados de dar consejos. Lo anterior, solo para que quede constancia que la función de la prensa no solo es criticar sino, de vez en cuando, sugerir una que otra solución).


