19.6 C
Honduras
domingo, abril 21, 2024

El sabor de la tortilla

Saliendo de turno de noche, mientras esperábamos el bus que nos llevaría de vuelta a la ciudad, sintiendo los pies como dos carbones y la mente solo pensando en mi cama, me encontré a la Niña Licha, conocida por todos por el servicio de aseo que brinda en la planta y el vasito de café que nos regala en la mañanita antes de irnos, por lo menos con la panza caliente, dice ella. Buenos días joven, me dijo, entre solemne y cariñosa al mismo tiempo que me tendía el vasito dichoso, blanco por fuera y por dentro humeando el aromático. Gracias, le dije de corazón al beber el primer sorbo, lo admito, el sabor seco y dulzón del café me hizo cosquillas en la mente, acompañado del aroma que jugaba en mi nariz y el calorcito que bajaba suave como abrazo de amante a mi estómago, no pude más que sonreír. Está bueno, me dijo ella pícara y me sirvió otro buchito en mi, ya vacío, vasito. Sabe, me dijo, aquí tenemos ya grabado el café en nuestra alma, aquí nos despertamos a la vida y lo primero que probamos, cuando somos cositas pocas, lloronas y mionas, es el sabor de la leche de nuestra madre y luego viene el café. Por generaciones se nos ha dado al iniciar los pininos de la vida, sea mojado con pan dulce o con leche y cuando nos toca ir a dormir en las cuatro tablas por la eternidad, muchos antes de partir alcanzamos un traguito, aunque sea, así de especial es. Yo creo que no solo es la bebida, es lo que representa, los recuerdos que nos trae, la cultura que lleva, la identidad nuestra,me dijo viendo cómo salía el sol allá largo. Solo mire,me dijo, señalando con la boca, tan propio de aquí,pensando yo, solo mire la belleza de ese sol, el que nos baña a diario de luz dorada, el que nos quema el lomo,es cierto, y a veces nos desespera, pero es tan nuestro,la verdad, tan de aquí como ver una palmera mecerse al viento o capearse un charco en la calle mientras uno camina envuelto en el vapor que regresa al cielo luego de una lluvia brava, eso nos hace a nosotros, así como el café. Por eso, uno lo disfruta, me dijo, no solo es una bebida, somos nosotros. Esta tierra es bella, me dijo, es bendita, rica en oro y gente, rica en vida y selvas, no conozco otros países ¿sabe?, pero le aseguro que, si no es el mejor, es uno de los mejores esta tierra que me vio nacer y que me arropará cuando me vaya.

Lo más triste, me dijo sentida, acompañado con un suspiro de esos largos, que llevan un pedacito del alma con ellos, es que no la cuidamos o tal vez seamos tan papos que no nos hemos dado cuenta de tan acostumbrados de vivir en el paraíso estamos, de lo que tenemos aquí. Por eso los políticos hacen feria, por eso se matan para llegar a la silla, porque ellos sísaben dónde viven, ¿cree usted que, si esto fuera un potrero o un pedrero feo, se pelearan como chuchos y gatos? Nambe compa, no son tan babosos, ellos saben. Los que estamos perdidos somos nosotros que dejamos que hagan y deshagan aquí, se lleven todo en nombre del progreso dicen, si hasta pedacito por pedacito querían vender esta tierra esos bárbaros a los foráneos, que ellos también ven lo que nosotros no. Tal vez, me dijo pensativa, se nos caiga la venda que tenemos y podamos ver más claro la joya que nos quieren quitar. El café por la mañana es una parte de esa joya, la de ser de aquí y vivir aquí, de disfrutar todo esto, me dijo señalando un cielo brillante y recién estrenado, preñado de un azul bandera con nubes claras que bailaban, iluminadas por un sol orgulloso, al fondo el cerro verde, refulgente de vida frondosa como las plumas verde vida de las loras y pericos que vuelan orgullosa, dónde está parado, ¿no cree que vale la pena cuidarla para usted y los que vienen? Tenga, me dijo al señalarme el bus que ya estaba allí, coma este bocadito, para que llegue al punto, mientras me sentaba viendo por la ventana, me llevé la tortilla caliente que me regaló, con cuajada y no pude sentirme preocupado por lo que me dijo esa humilde mujer, es cierto todo, pensé para mí, somos papos por no decir otra cosa, al permitir que nos roben la felicidad aquí donde vivimos, sean propios y extraños, está ha sido tierra bendita, me dije mientras saboreaba el maíz de mi tortilla, herencia de civilizaciones idas, pero tan vivas aún, tiene razón la niña, no sabemos lo que tenemos.

 

 

- Publicidad -spot_img

Más en Opinión: