PERPLEJIDADES de una extranjera en Honduras: (Diálogos entre Chloé, europea disciplinada en horarios, y Mariana, hondureña experta en traducir costumbres locales).(Diálogos entre Chloé, europea disciplinada en horarios, y Mariana, hondureña experta en traducir costumbres locales) 1. El viernes en el hotel: Chloé: -Mis amigas me citaron el viernes, 7:00 p.m. al hotel del restaurante y cafetería con buen menú. Llegué a las 6:55, como toda persona puntual. Mariana: -Puntualidad, qué exótico. Chloé: -Me senté elegante: vestido largo, entaconada, con frescura sutil a perfume francés… mesa vacía. Mariana: -¡Qué elegancia! Chloé: -6:59, nadie. 7:10, nadie. 7:25, llamo. Amiga 1 (por teléfono): -Ya salgo. Amiga 2: -Ya voy, ando cerca. Chloé: -8:00 p.m. seguía sola como faro en tormenta. Mariana: -“Es que “ya salgo”, es como “orita”, que no es ahoritita… aquí no significa movimiento físico inmediato. Chloé: -De haber sabido. Para matar tiempo, como ya me estaba entrando un humor vikingo, saqué un purito de vainilla –al aire libre– para acompañarme haciendo siluetas de humo. Mariana: -¿Fumás puritos? Chloé: -Aquí ando, ¿quieres uno? Mariana: -Ni se te ocurra, me ahogo y no paro de toser. Chloé: Llega el mesero no con cara de buenos amigos. Mesero: -Señora, no puede fumar aquí. Chloé: -Le dije con toda cortesía de persona bien educada: “Si no quiere verme fumar… mire para otro lado y finja no haberme visto”. Mariana: -¿Y qué hizo? Chloé: -Se fue, supongo que a reportar a la gerencia la infracción cometida, suficiente, como he estado oyendo en las noticias, para entablar un “juicio político”.
2. La cita profesional a plazos: Chloé: -Tenía cita con un profesional. Pactada una semana antes. Hora exacta. Día exacto. Todo perfecto. Mariana: -¿Y reconfirmaste? Chloé: -Cuando me dijeron eso, sentí cortocircuito neuronal. Mariana: -Es que es requisito sobrentendido. Chloé: -“Es que la tengo apuntada en mi agenda. ¿Por qué habría de reconfirmar lo ya confirmado?”. Mariana: -Ay, ¿y qué pasó? Chloé: -Llamé al profesional diciendo que ya estaba en la antesala esperando. Profesional: -Ah, qué bien que aún quiere la cita. Chloé: -¿Cómo que si aún quiero? Profesional: -Pensé que la había cancelado porque no supe de usted. Chloé: -Pero… ¡la cita estaba hecha! Profesional: -Sí, pero no reconfirmada. Chloé: -Yo me quedé bizca varios segundos. Mariana: -¿Y te atendieron? Chloé: -No, me dijo que reprogramara que ya el espacio mío lo había tomado otra persona con reconfirmación.
(Explicación antropológica –tercia el Sisimite– en varios países del primer mundo una cita hecha es una cita existente hasta prueba en contrario. -Pues hay que acostumbrarse –ironiza Winston– al tercer mundo. Acá una cita hecha entra en estado de suspensión metafísica –en “delay”– si nadie la menciona de nuevo. -Es que el reloj hondureño –vuelve el Sisimite– no está sincronizado con los otros relojes del mundo. Las 7:00 p.m. no son las 7:00 p.m. -Pero eso no ocurre –suspira Winston– solo en las citas. Aquí el reloj no se trata de horas puntuales, ni de horas tardes, sino que andamos retrasados con años luz de atraso, en tantas otras realidades, o mejor dicho fatalidades. Y la gente ya está acostumbrada. Por eso “ahorita” no es ahora, sino al parsimonioso paso de las agujas del reloj. Y tampoco es “ahorita” ni “ahoritita”, es “orita”. El tiempo no se mide en minutos, ni horas, sino en promesas, tráfico y esperanza, comodidad y resignación. -Pero curiosamente –reflexiona el Sisimite– el sistema funciona. -Pues ni modo –mueve la colita Winston– funciona de manera disfuncional, pero como ya nos acostumbramos o lo hicimos costumbre, ni nos percatamos que, para gente de afuera, lo nuestro sea asombroso).


