IMPOSIBLE hablar de Góngora y no hacerlo de Quevedo, dos genios de la literatura, aunque rivales jurados. Góngora en vida fue “muy admirado por los círculos cultos, aunque también ferozmente atacado (sobre todo por Quevedo)”.
Era visto como “el maestro del culteranismo, es decir, del estilo culto, hermético, hiperbólico y lleno de latinismos”. En el siglo XVII, su estilo fue polémico: unos lo veneraban como genio, otros lo llamaban “oscuro”. La Generación del 27, reivindica su prestigio intelectual.
Lorca, Alberti y Dámaso Alonso lo rescataron “como poeta mayor del Siglo de Oro y referente del lenguaje poético moderno”. Hoy, en crítica literaria, es considerado “el gran innovador formal de la poesía barroca española”.
Francisco de Quevedo, en vida fue “enormemente popular por su agudeza, sátira y capacidad para moverse en todos los registros: amoroso, moral, político, filosófico”. Fue un intelectual “de amplísima cultura humanista, además de poeta, gran prosista”.
“Escribió tratados filosóficos, obras políticas (La política de Dios), sátiras mordaces, prosa moral y obras burlescas”. “Su estilo conceptista, claro y punzante, fue más accesible al público general que el culteranismo gongorino. Su fama popular fue muy duradera: durante siglos fue “el ingenio” por excelencia en la memoria española.
La crítica moderna lo considera un gigante intelectual de pensamiento y lenguaje, comparable en talla filosófica y literaria a los grandes moralistas europeos”. Quevedo alusivo a sus críticos:
“Nadie espere que de un necio/ salga cosa bien fundada;/ si responde, será errada,/ si calla, será por necio”. A un necio que le reprendía: “Contra el necio, la paciencia;/ contra el ruin, el desprecio;/ que a palabras de un necio/ responde la negligencia”.
A necios impertinentes, no rebajarse a su estatura: “Si con necios hablas, necio,/ y si callas, sabio quedas;/ por eso callar me dejas,/ y en tu necedad me precio”. A todos les falta el seso: “A todos les falta el seso,/ y yo me quejo de vicio;/ que hablarle mucho a un necio/ es perder tiempo y progreso”.
Sentencia moral en verso: “Contra necio, no hay respuesta;/ que su bajeza es tal cosa,/ que si la ignorancia es losa,/ la respuesta no la resta”.
Alusivo a los que como mecanismo de escape evaden su responsabilidad culpando a otros: Quevedo retrata al hipócrita, malicioso y cobarde que no asume lo que ha hecho.
En sus sátiras morales y políticas, ese tipo aparece una y otra vez. De “Gracias y desgracias del ojo del culo” (sátira escatológica pero moral): “Y si suena, es viento ajeno,/ nunca confiesa que es suyo;/ y si apesta, jura y arguye/ que es culpa del aire bueno”.
(Una metáfora procaz, pero clarísima: el que produce el daño siempre dice que fue otro). “Si apesta, dice que es otro;/ si truena, culpa a la silla;/ y aunque la trampa sea suya,/ jura que no es maravilla”.
Quevedo y la hipocresía”: “Mira al ruin cómo murmura,/ y en su culpa se disfraza;/ culpa ajena siempre abraza/ y en la propia nunca dura”.
Una letrilla satírica: “La culpa, cuando es del ruin,/ siempre es culpa del vecino;/ él la niega por camino/ y la jura por confín”.
(Otras décimas –tercia el Sisimite– así que sacá papel y pluma. “A quien culpa le cargaron/ de una culpa solo de ellos,/ propia, suya y de aquellos/ ni con eso lo inmutaron/. Pues nunca se imaginaron/ ni en el ronquido del sueño/ que el mal regresa a su dueño/ que no consiente traslado/ ni empujado ni jalado/ sea grande o pequeño”. Winston: “Que la ingratitud se paga/ muy cara; quien lo más propio/ no cuida, pues no hará acopio/ de nada; por mucho que haga/. Cuando el ánimo se apaga/ punto y aparte, el partido/ no tiene ningún sentido;/ su presencia pues, se esfuma/ como disuelta en la espuma/ apartándose del ruido”).


