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sábado, julio 18, 2026

El Merendón… ¿A quién le importa?

Por: Mirna Isabel Rivera

Los primeros humanos aprendieron a vivir y convivir con la naturaleza, rápidamente entendieron que el equilibrio era vital para sobrevivir. Aprovechar los recursos que brindan los bosques, los animales, los ríos y el mar son fundamentales para lograr la vida y el desarrollo. Cuando las comunidades descuidan la naturaleza, solo están contribuyendo a la autodestrucción y, por la manera desigual en que las sociedades están constituidas, los más afectados son en primera instancia las personas de bajos ingresos, aunque las consecuencias las viven todos, pero unos en mayor o menor escala.

Ahora la tecnología nos permite monitorear con nuestros teléfonos móviles la calidad del aire, que en tiempos de zafra es pésima. La calidad del agua que fluye en los ríos que atraviesan San Pedro Sula está altamente contaminada. La tala de bosques sigue ocurriendo, los incendios provocados golpean el ecosistema, el agua escasea cada día y zonas que históricamente han sido proveedoras de agua están bajo una amenaza constante.

San Pedro Sula todavía resulta atractiva para la inversión por su riqueza hídrica y la biodiversidad. La destrucción de la cordillera del Merendón solo es cuestión de tiempo, para unos pocos es un gran negocio, lo toman como tierra disponible para explotar y si la ciudadanía no despierta, los políticos al mando la entregarán tarde o temprano al mejor postor a cambio de unas monedas de plata. La redefinición del Merendón para construir urbanizaciones de alta plusvalía y la explotación minera será solo el principio del fin para las presentes y futuras generaciones. Sé que en Honduras no se acostumbra a pensar en las futuras generaciones ni en las mismas familias, mucho menos en los gobiernos, pero igual es importante decirlo.

Si el Merendón continúa siendo destruido, la ciudad de los zorzales se convertirá en otra Tegucigalpa, descombrada, sin agua, más pobre y desértica. Solo para comprender mejor: el calor será todavía peor, las inundaciones serán devastadoras, habrá menos agua potable, se tendrá una mayor crisis social y ambiental. Un escenario apocalíptico, quizás el más probable, por la manera en que aquí se hacen las cosas y la falta de interés de la población en general.

Los que alzamos la voz para cuidar el Merendón somos descalificados por las autoridades, hace poco nos llamaron “idiotas”, un insulto más o uno menos del actual edil de la ciudad, qué más da. Se cumple como ciudadano responsable, ahora falta que las organizaciones empresariales, que practican la responsabilidad social, interpongan sus buenos oficios a favor del ambiente. Proteger el Merendón no es únicamente un tema ecológico, sino también económico, urbano y de seguridad humana. Los profesionales que han elevado su voz para proteger el Merendón quizás corran peligro, en Honduras es bastante común que eliminen a los ambientalistas. Eso solo denota que vivimos en la barbarie; ya no queremos más mártires, queremos soluciones.

«¡Despertemos, humanidad! «Ya no hay tiempo» es el llamado histórico pronunciado por la líder ambientalista y defensora indígena lenca hondureña Cáceres, quien perdió su vida, paradójicamente, defendiendo la naturaleza.

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