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sábado, julio 18, 2026

El malo de la película

Por Emy James

Dicen que un representante debe ser malo, difícil, frío y distante si quiere tener éxito manejando la carrera de su representado. A lo largo del tiempo hemos sabido de personas que sin necesidad de un grado académico importante han sabido utilizar las estrategias correctas y han tenido el carácter suficientemente fuerte para poder lidiar con empresarios y demás y sobre todo con su representado, para lograr lo que se han propuesto.

Deportistas, músico, actores, pintores y otras personalidades no serían lo que son sin ese alguien que los represente. Pero muy probablemente las cosas se compliquen cuando ese mánager es algo más del artista.

Se me ocurre por ejemplo, el caso de la cantante colombiana Shakira quien contrató a Antonio de la Rúa empresario argentino como su agente artístico a finales de los años 90´s. lo cual fue una excelente idea ya que este chico impulsó su carrera de una manera espectacular incluyendo la incursión de la artista al mercado anglosajón.

Muchos creen que las mejores producciones de esta cantante se realizaron en la era de de la Rúa. Pero, ellos también eran pareja y al terminarse el amor (ya ve usted que el amor acostumbra a terminarse), pues el contrato se terminó también.

Al mismo tiempo vino lo que sus admiradores más exigentes consideran un declive en su carrera y entonces nos encontramos a una Shakira irreconocible con música igualmente irreconocible. Aparentemente esta pareja está en pláticas para volver a unirse, ojalá, por el bien del arte.

Sin embargo, no todos los managers buscan el bien de su representado. Conocemos de sobra el caso de Macaulay Culkin, por ejemplo, el más famoso de todos los angelitos. Su padre quien también fue su representante ha sido catalogado como un padre nefasto y el culpable de que la carrera de este magnífico y carismático actor se viniera abajo.

Hace poco este chico que ya no es tan chico en realidad, comentó: “John Candy (otro gran artista) fue el primero en descubrir que mi padre era un monstruo”. No muy diferente es lo que le sucedió al cantante mexicano Luis Miguel.

Todos tenemos claro que él jamás hubiese podido alcanzar lo que alcanzó de no haber sido por su padre Luisito Rey como era conocido, un artista español de no mucho renombre que digamos, pero con unas ideas revolucionarias y contactos en el medio, que le valieron llevar a la fama a un niño que tenía una voz prodigiosa.

Solo que el precio que tuvo que pagar Luis Miguel por ese favor, fue muy caro. Y ya para terminar, tenemos también a María Callas, soprano griega que llegó a Verona Italia “con una mano delante y la otra detrás” a probar suerte.

Y sí que tuvo suerte al encontrarse con Giovanni Battista Meneghini, empresario italiano, quién pudo ver su talento y la llevó a la cúspide de la fama al mismo tiempo que la hizo inmensamente rica.

Los empresarios no lo soportaban porque era de un carácter difícil y muy exigente, pero, aparentemente eso fue parte de su éxito como representante.

El asunto fue que Battista también llevó a María al altar y cuando ese matrimonio se terminó, se terminó también su brillante carrera. Y es que no se puede tener todo en esta vida, al menos no al mismo tiempo.

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