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miércoles, abril 17, 2024

El “chispiadero”, la novela

El 17 de febrero de 2022 en esta columna cerebral y con el título “18 días para caer; la debacle del ‘supremo’”, resumía sobre el paso del cielo al suelo, de la gloria al infierno, del corto lapso o el breve trecho en que cayó el protagonista del drama judicial neoyorquino con más cobertura noticiosa en la historia de este país.

Fue ese texto, un pequeño compendio de la captura, después de 12 años en que en su convicción de “supremo”, el protagonista de la novela judicial en New York quiso, hizo, y deshizo lo que le dio su regalada gana en un país al que trató como su potrero.

Lo que se ha leído, visto y oído en esa trama judicial seguida aquí como un thriller de suspenso, después de su captura lo anticipó cualquiera, desde el más sencillo o de pocas luces hasta el más feroz crítico, agudo analista o festinado contradictor.

Sí, las revelaciones y reiteraciones de otros juicios que desde la semana anterior hemos sabido, representan una analogía del encendido de un ventilador para salpicar de detritus, desde las fauces de narcotraficantes y asesinos confesos a sus secuaces o cómplices de la política y en el gobierno que transaron a la nación cual si se tratara de una hetaira ofertada al mejor pagador.

Es una vergüenza nacional, una humillación, lo que ha trascendido en el denominado “juicio del siglo” que, ojalá no sea el primero ni el único y le sigan otros en los que se juzgue y envíe a la letrina carcelaria a otros políticos y burócratas compinches de delincuentes que se hacen ricos con sus negocios de muerte.

También resulta una tragedia esa dispersión de mierda desde el ventilador encendido en el tribunal neoyorquino, no porque se sepa quiénes son los embarrados en el narcotráfico, la corrupción y la impunidad, sino porque el estamento estatal, desde el más alto nivel ha sido corrompido y ha estado podrido desde hace décadas.

No puede ser más repudiable que las autoridades electas y nombradas para procurar bienestar para la gente hagan migas o complicidades con malvivientes y como resultado hayan establecido un narco Estado que solo ha causado más pobreza, dolor y muerte, volviéndose galanes en el infortunio que resulta el narcotráfico y el crimen organizado, desventuras de porquería.

El salpicadero que ha resultado del ventilador encendido hace mucho en la “Gran Manzana” así lo ha dejado en evidencia con un presidente narcotraficante preso y a punto de quedarse a morir encerrado en una ergástula. A él se añade el hijo de un ex mandatario, exministros, gerentes de entes públicos, diputados, directores y oficiales de la policía y comisionados presidenciales que navegaron en aguas de la corrupción y ahora se ahogan en ellas.

Si bien Juan Orlando Hernández es probablemente el primer presidente narco enjuiciado, antes, con igual catadura de mandatario y de corrupto, fue su correligionario y convicto ya fallecido Rafael Leonardo Callejas, condenado y privado de su libertad en los Estados Unidos, por dejarse sobornar cuando dirigió la “Fenapus”.

Posterior, el expresidente Porfirio Lobo Sosa también ha sido señalado en supuestos negocios de drogas, y aunque tiene vedado su ingreso en ese país, no ha sido enjuiciado ni pedido en extradición, al igual que otros políticos de los demás partidos.

En 2017, tras las primeras extradiciones, el brillante analista y lúcido pensador Víctor Meza, ya fallecido, en su columna de opinión señalaba: “…el ventilador humano, el acusado que delata a sus compinches y los involucra a todos en la trama criminal. El que actúa como si fuera un ventilador colocado cuidadosamente frente a un barril de detritus que, al salir volando, pringa a todos y contamina todo el ambiente…”

“Las declaraciones de uno de ellos, Leonel Rivera, han creado un gran revuelo en el país y tienen en estado de pánico a más de un personaje público. Y muchos más están como en dramática espera, en tensión constante, prestos a las nuevas revelaciones que, casi seguro, envolverán en su vorágine nuevos nombres, nuevos rostros y nuevos señoritos de las élites locales. Es la dinámica de la traición. El cabecilla extraditado siente que ya no tiene nada que perder y, a lo mejor, piensa que negociando con habilidad y proporcionando más detalles de la trama criminal, algo consigue, una reducción de pena y condiciones menos drásticas en su reclusión carcelaria, algo que le alivie un poco su encierro. Es el síndrome del leproso…”

“La lógica que guía la conducta del capo caído en desgracia es incuestionable. Si he de hundirme en este pantano de excremento, no lo haré solo, arrastraré conmigo a los demás, a los que no han tenido la desgracia de caer en prisión y disfrutan, todavía, de su bien financiada libertad personal. Es la hora de la delación, el momento en que el capo vencido ordena sus recuerdos en secuencia cronológica y toma nota cuidadosa de cada una de las reuniones sostenidas con los socios del poder público, las sumas pactadas, los compromisos financiados, las cantidades pagadas, en fin…”

Así, el ventilador sigue zumbando y el número de pringados aumenta, en tanto otros ventiladores, están a la espera de ser activados para embarrar a los que tienen causas pendientes por delitos financieros, lavado de activos, transferencias de dudosa procedencia, sobornos disfrazados de pagos inocentes, es decir, el hampa de cuello blanco.

Cuando esos dispensadores comiencen a esparcir la podredumbre, muchos que se mercadean y promocionan como mansos inocentes de la corrupta clase política y desvergonzada aristocracia en maridaje con los criminales, perderán la virginidad de su imagen y serán exhibidos como los patéticos estafadores de la fe pública que siempre han sido.

Lo ocurrido en Honduras con este hombre evidentemente desbordado por la codicia y la avaricia, pero ahora abatido y patético en la llanura, es un evento original, nuevo y trágico para el absolutista del poder omnímodo que lleva más de dos años ardiendo en el infierno de la cárcel con el riesgo de cocinarse para siempre en él.

Allí, en el silencio del averno carcelario que nunca creyó habitar y que hizo lo imposible por evitar, seguramente el reo humillado y salpicado por el ventilador de sus cómplices, cavilará o meditará sobre si morirá silente y escarmentado, o si en una reivindicación con la patria humillada en la que se ufanó de ser indomable, abrirá la caja de todos los males o “Caja de Pandora” y encenderá su aspersor para esparcir también su bosta y salpicar al resto de los todavía intocables.

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