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martes, abril 16, 2024

Echémosle agua a la sopa

Sí, dijo mi doña, mientras caminaba detrás de ella, afanoso por llevarle el paso, íbamos pues a ver si ajustábamos para la semana en las compras del mercado, ella esperando comprar verduras y frutas para los cipotes y tal vez un tuquito de pollo porque la carne ya está muy cara. No sé, la verdad, cómo se la arregla, en casa, los dos trabajamos y los dos proveemos y, aun así, pese a todos los esfuerzos y ahorros, casi salimos al ras, nos ajusta para la quincena, sin nada de lujos y hasta allí, ahorrar solo en la mente y en las series de la tele y vacaciones, pues, qué les digo…

De eso veníamos hablando, que hoy ya es el fin de la Semana Santa, ya se empieza a ver la terminal preñada de viajeros, todos bien macaneados, asoleados todos ellos y sin pisto la mayoría, que regresan con la mirada ida, como lamentándose que solo traen los recuerdos de lo vivido, aunque mi finada abuela decía que todo queda aquí, que uno solo se lleva lo comido, lo bailado y lo…

Se acabó el verano, dijo ella, y empieza la realidad, volvemos a ser como siempre, con las obligaciones y angustias a tuto. Sí volvió a decir, como si fuera una plática con ella misma y no conmigo, lo admito, peleaba entre llevarle el paso o caerme en algún tragante sin tapadera si le ponía atención, de los que abundan en nuestras calles y aceras, porque se peinaron el metal para fundirlo.

Mira que no sé cómo le hacen, me dijo seria, hasta la vecina se fue a un balneario, “resort” como le dicen ahora que somos más agringados pues, ahora que tanto paisano se ha ido en caravanas o legales nos ha dado por hablar en inglés más que en español, tal vez es que nos sentimos pistudos, por eso, ¿vaa? Como si diciendo “mall”, nos sentimos más de primer mundo, no centro comercial, que suena más subdesarrollado, dijo carcajeándose. La vecina es cosa seria, allí pasa de alucinete, yo la quiero un mucho y la aconsejo, trabaja y trabaja, pero pasa alcanzada. Si vieras cómo me pide que le preste esto, aquello, para ajustar el almuerzo y ahora me sale que se fue toda la semana con el marido al dichoso balneario. Está bien, no lo discuto, tal vez ahorraron, pero hace poco vinieron de una comercial a levantarles el plasma y el equipo de sonido, porque debían ya muchos meses y esos no amagan ¿vaa?, pero a saber dónde consiguieron para irse. Tal vez para nosotros que apenas vemos la luz, las prioridades sean otras, tal vez la comida que casi no se ajusta, si ganas de criar gallinas tengo, como mascotas pues, que por lo menos las podemos comer, no como Firuláis que ni para hacer sopa sirve, dijo riendo, o pagar la luz que cada día es más cara y eso que somos de barrio y de barrio pobre, pero la cobran como si fuese residencial o el agua que ahora viene ralita, capaz que la diluyen como la gasolina dijo pensativa, esas son algunas de mis prioridades, si nos da por salir a vagar nos corren de la casa y nos dejan en la calle ¡ni Cristo lo quiera! Pero eso de salir a disfrutar, es rico la verdad echar la hueva en una hamaca, echándose su fría y comiendo pescadito con tajadas, que le dé el aire salado a uno, eso solo en las pelis lo he visto y cuando andábamos de novios me acuerdo que me llevaste una tarde a Omoa, me dijo deteniéndose para cruzar la calle, cuando querías conseguir algo, porque desde esa vez nada que volví a ver el dichoso mar. Total, me dijo riendo, ahora toca crecer a los güirros para que se defiendan y dejarles educación, porque pisto no creo, eso toca ahora.

La cosa es, me dijo, ¿de qué sirve disfrutar un ratito, si se va esconder todo el año uno? Nambe compa, me dijo cruzando con paso doble, porque las motos de los “deliverys” no respetan.

Cada quien sabe lo que hace, cada quien sabe cómo se enjarana, a algunos los consejos y chancletazos de las nanas nos formaron el seso y vemos la vida como números, si vamos o no a llegar a la quincena y cómo estiramos el pesito, otros son más relajados, tal vez sea la crisis eterna, me comentó seria, tal vez nos vale madre endeudarnos a algunos, total ya le debemos hasta el alma al banco, a los comercios y al pulpero de la esquina, remató, mientras revisaba unos aguacates. Te apuesto y no pierdo, me dijo con malicia, que aquella en la noche llega que le preste unos seis huevos y unos frijolitos, porque hoy vienen de la playa reventados en todo. Está bien, me dijo, si aquí somos así, de sangre caliente, nos encachimbamos rapidito, pero también nos ayudamos rapidito, somos como somos y seremos siempre así.

Así que, viejo, le vamos a echar agua a la sopa el día de hoy y que sea como siempre ha sido ¿vaa?, me dijo con seguridad, así como son las matronas de esta tierra cuando ya han decidido cómo va a ser la cosa.

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