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domingo, julio 19, 2026

Descansar también cansa

Por Irazema Ramos
Sicóloga

Después de días de pausa, de sol, familia o simplemente de cambiar la rutina, muchas personas regresan con una sensación inesperada: cansancio. No el cansancio habitual del trabajo, sino uno más difuso, más emocional, incluso acompañado de irritabilidad, dificultad para concentrarse o cierta desmotivación. Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿no se suponía que debía sentirme mejor? Las vacaciones, especialmente en periodos como la Semana Santa, suelen estar cargadas de expectativas. Esperamos descansar, desconectarnos, compartir, disfrutar y en ese intento, a veces olvidamos algo importante: no todas las pausas son realmente reparadoras.

El cansancio post-vacacional no es un mito ni una exageración. Desde la psicología, puede entenderse como una especie de “desajuste emocional y físico” tras un cambio brusco de ritmo. El Síndrome Postvacacional, es el estado de incomodidad y desagrado que provoca adaptarse nuevamente a la rutina, después de un periodo de vacaciones, de ocio y de descanso, produciendo molestias que nos hacen responder a nuestras actividades rutinarias con un menor rendimiento. Los síntomas que se presentan, pueden variar de tipología e intensidad según sea el caso, ya que cada entorno, responsabilidades u obligaciones son diferentes, pero por lo general el síndrome postvacacional se caracteriza por un cuadro de características comunes al estrés:

• Decaimiento.

• Apatía y malestar.

• Falta de energía.

• Sensación de hastío.

• Percepción de no ser capaz de adaptarse de nuevo al entorno laboral.

Durante las vacaciones, nuestros horarios se alteran, dormimos diferente, comemos distinto, reducimos o aumentamos la actividad, y nuestra mente también entra en otro estado. Volver a la rutina implica un nuevo esfuerzo de adaptación, y ese proceso consume energía. Pero hay algo más profundo. Las vacaciones también pueden confrontarnos con nosotros mismos. En medio del silencio o del tiempo libre, aparecen pensamientos que normalmente evitamos en la rutina diaria, preocupaciones, decisiones pendientes, emociones no resueltas. Lo que debería ser descanso, se convierte en un espacio de procesamiento interno. Y procesar también cansa.

A esto se suma un factor social, por ejemplo, la presión por “aprovechar” el tiempo. Muchas personas llenan sus vacaciones de actividades, compromisos familiares, viajes o responsabilidades que, lejos de relajar, generan más agotamiento. Paradójicamente, terminamos necesitando descanso, después de haber descansado. También ocurre que, al disminuir la exigencia externa, el cuerpo finalmente “baja la guardia”. Es común que durante periodos de pausa aparezcan síntomas como somnolencia, dolores corporales o fatiga acumulada. No es debilidad: es el organismo recuperándose de un ritmo sostenido por semanas.

Entonces, ¿qué hacer cuando las vacaciones no dejan la energía que esperábamos?

• Primero, normalizarlo. Sentirse cansado después de un descanso no significa que algo esté mal. Significa que el cuerpo y la mente están reajustándose.

• Segundo, evitar el autojuicio. Frases como “debería estar bien” o “no hice suficiente” solo aumentan la carga emocional. El descanso no siempre se siente como bienestar inmediato, a veces es un proceso más lento.

• Tercero, facilitar el regreso progresivo a la rutina. Retomar horarios de sueño, organizar tareas de forma gradual y no exigir productividad máxima desde el primer día puede marcar una gran diferencia.

• Y, finalmente, hacer una pausa consciente para preguntarnos: ¿qué tipo de descanso necesito realmente? Porque no todas las personas descansan de la misma manera. Algunos necesitan silencio, unos conexión, otros movimiento, otros simplemente no hacer nada sin sentir culpa.

Si usted empezó esta semana con el ceño fruncido y el rostro amargado, intente llevar a cabo alguno de estos consejos, ya que la mente tiene sus propios estilos y ama todo aquello que le genera bienestar. Quizá la próxima vez, más que planear vacaciones perfectas, podamos preguntarnos algo más honesto: ¿cómo quiero sentirme cuando todo esto termine? Porque al final, descansar no es solo detenerse. Es también aprender a volver.

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