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sábado, julio 18, 2026

¿De boca en boca?

“ME gustó el editorial de hoy – mensaje del académico– se sale del ruido de la información diaria de nuestros días. No es más de lo mismo. La tradición oral es el tranvía donde viajan los pueblos, llevando consigo los genes de sus antepasados en el rumbo infinito de la eternidad”.

“Vista desde su ángulo más radical, me recuerda al Gen egoísta de Dawkins, empeñado en conquistar la inmortalidad”. La abogada amiga: “De acuerdo presidente, el problema es ¿cómo exhortar para que lean?, y transcribe un fragmento del cierre alusivo a la nena de los cuentos que va leyendo editoriales cuando la llevan en el carro a la escuela y consulta el significado de una palabra “florecida”, que no entiende: (En cambio los adultos “analfabestias” del siglo XXI, (que sabiendo leer y escribir nada leen y nada de ver escriben), aun con la lectura en el pico, que reciben por su WhatsApp, ni eso leen. ¿Y todavía se asustan del porqué de la vergonzosa ignorancia de esta sociedad líquida y superficial, adicta a esos chunches digitales?).

“Recuerdo las historias de mi abuelo –mensaje de una vieja amiga– y los de mis amigas relacionadas con la historia de Tegucigalpa en cuanto a su gente, sus costumbres y cómo se transportaban en mulas y caballos. Como abuelos nos ha tocado transmitir a los nietos esas historias y las nuestras porque a ellos les encanta saber de la niñez y juventud de sus padres, nuestros hijos. Eso sí, en los ratitos que no están con los chunches. Es nuestra labor importante”.

Gracias por sus editoriales; cuando no comento es que me deja muda y pensativa y sin nada que agregar. Es completo usted Ingeniero”. En sus libros Harari expone que “cualquier nación o cultura es una «ficción colectiva», una historia que millones de personas acuerdan creer y que les permite cooperar”.

Traducido al ámbito latinoamericano y a esas historias que durante siglos se transmitieron oralmente –no en libros– creando cimientos de identidad, tomemos algunos ejemplos: Los mitos de origen: “El Popol Vuh de los mayas (que, aunque luego se transcribió, se conservó oralmente por generaciones) explica la creación del hombre a partir del maíz. Esta no es solo una historia; es una narrativa que conecta a un pueblo con su tierra y su sustento, definiendo su identidad”.

Las leyendas: “Leyendas como «La Llorona», cuyas raíces se remontan a historias prehispánicas (como la Cihuacóatl azteca) y que se mezcló con elementos coloniales, sirve como una narrativa poderosa que habla de dolor, fantasmas del pasado y la conquista. Es una ficción colectiva que todos en la región reconocen”.

Los relatos de la conquista y resistencia: “La historia de Túpac Amaru II en Perú o de Guadalupe Victoria en México, o la caída de Lempira del Congolón, se contaron de boca en boca antes de ser historia oficial, sirviendo como narrativas de resistencia y esperanza”.

(Ve –tercia el Sisimite– ¿no sé si leíste varios mensajes del colectivo dando la bienvenida al nuevo libro que ya está en el horno? Como este: “Frase que utilizaba un viejo juez de trabajo cuando le preguntábamos, abogado, ¿cuándo sale la sentencia?:

“Está en el horno”, respondía. Así que tenemos que esperar Kairós II. -Pues mirá –aclara Winston– acá en la casa ¿a cuántos les clavaron Carlos?; creo que el libro tiene otro nombre. Y sobre el tema del editorial, sentite orgulloso, ya que vos sos otra leyenda de la tradición oral hondureña).

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