Por: Mirna Isabel Rivera

En medio de una ola de bombardeos en el medio oriente, los niveles de contaminación se elevan en las zonas afectadas, pero alcanzan zonas mucho más allá del conflicto. Las guerras además de las pérdidas humanas afectan la flora y la fauna.
Greenpeace es una organización ambientalista que observa y enciende las alertas sobre el grave impacto ambiental de los conflictos bélicos en el mundo. Ellos presentan datos y cifras que les permite concluir que guerras como las de Vietnam, Irak, Gaza, Sudán, Ucrania y la más reciente la de Irán, degradan la tierra, contaminan el agua, el aire y la salud.
Los daños ocasionados pueden durar muchas décadas, si a esto le sumamos la radiación, químicos y el petróleo motivo de tantas disputas. Lo menos perjudicial es cambiar la matriz de consumo energético, para depender menos de los derivados del oro negro.
Es curioso, pero países desarrollados como los Países Bajos antes conocido como Holanda, los nórdicos impulsan las ciclovías y el uso del transporte público. Los espacios son seguros y existe una gran cultura de respeto a los ciclistas y peatones.
En ciudades como San Pedro Sula que son planas, estamos desaprovechando estas oportunidades y el estilo de crecimiento se dirige a seguir construyendo sin dar seguridad a los ciclistas, limitando el uso de este transporte. Por eso, cuando el petróleo sube de precio no hay alternativas, la gente que tiene su vehículo sigue usándolo a pesar de eso, ya que viajar en “rapiditos” o “colectivos” es una opción más peligrosa por la delincuencia.
Nuestras ciudades son muy inseguras hasta para caminar, aunque vayamos a un lugar cercano, por miedo mucha gente usa su vehículo, que puede ser también una motocicleta, cada día circulan más en la ciudad, algunos de manera imprudente, ponen en riesgo su propia vida.
El impacto que nos debe preocupar a todos los que habitamos el planeta azul es el daño ambiental irreversible que estamos causando al planeta por la avaricia y falta de amor al prójimo.
Podemos vivir sin electricidad, sin Internet, con escaza alimentación, pero sin agua en poco menos de cinco días perdemos la vida. Todas las especies que habitamos en este bello globo estamos interconectados al vital líquido.
Menos del 10% de la población mundial que poseen la riqueza del planeta, quizás ven estas con ligereza, están confiados que sobrevivirán en sus bunkers ante cualquier hecatombe mundial, para decirlo más claro, ellos creen estar a salvo ante una posible guerra con armas nucleares o ante un desastre ecológico, el resto de nosotros sencillamente no sobreviviría.
Cuidar el ecosistema y procurar la paz no es una cuestión de ideologías, somos corresponsables del bienestar o la ausencia de este en nuestro planeta. A las personas que más influencia y poder tienen para hacer las cosas bien, como los gobernantes y empresarios, más se les demandará, pero cada uno de los que vivimos en este bello planeta tenemos nuestra cuota de responsabilidad (MIR).



