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Honduras
miércoles, junio 3, 2026

¿Cumulonimbos?

ÍBAMOS rumbo a Ítaca, pero los lestrigones y los cíclopes se atravesaron en el camino; cautelosos tuvimos que detenernos, dar un receso y anotar una que otra de las vicisitudes del viaje: “Las leyes –decíamos ayer– pueden ser de mármol o cinceladas en piedra sagrada, pero si el carácter de quienes las reciben como guía de conducta está corrompido, nada puede enderezar lo sinuoso. Lo que salva a la congregación no es lo escrito en el papel, sino la conciencia recta de quienes sirven, y de quienes, en su caminar, se dejan guiar por una luz interior ética y pura”. ¿Sinuoso? -Tortuoso. Torcido. Es una pregunta sobre el camino: ¿se puede enderezar lo torcido? Es una descripción del carácter político: el político sinuoso que se dobla, se tuerce, se evade. El problema de Honduras no es su Ley Electoral, su Constitución, o lo otro a lo que cómodamente la irresponsabilidad descarga su culpa. Su problema es la persistente presencia de lo sinuoso –lo torcido– en las manos y conciencias de quienes deben respetar lo que prescriben las letras rectas”.

Lo que acaba de suceder en Guanaja es otra muestra que confirma lo anterior. No hay tales que las reformas electorales, hagan lo que hagan –como están urgiendo los que piensan que con eso vayan a corregir los vicios arraigados que no se enmiendan– vayan a producir el milagro. “El caos erupciona de conductas torcidas, nocivas y reincidentes, de actitudes mezquinas, dañinas y obstinadas, y de esas mañas viejas, vergonzosas y tercas de vanidosos, de políticos cínicos y de la encizañada confusión del ruido vocinglero”. El CNE acató la sentencia del TJE, aplicó la ley, constatado el empate, de repetir las elecciones. Incluso, a la consulta que hace el CNE al TJE pidiendo aclaración, el presidente de ese tribunal, va más allá y en una nota firmada con su puño, letra y sello, responde que “debe repetirse la elección entre los dos candidatos empatados”. La presidenta del CNE –con su acostumbrada mesura y conocimiento del derecho– dio cátedra en una intervención telefónica a un foro matutino: “Los magistrados hablan por sus sentencias”. (Fue cautelosa de solo hablar sobre lo sucedido y no aventurar opinión sobre lo “que por la ley son llamados a resolver”, pese a la tentación de embrocarla a aguas desconocidas). No es cuestión de diferencia de criterios, ni de interpretaciones, – quedó claro– como quisieran dar a entender las locuaces enredaderas con toda esa palabrería salpicada para despistar. ¿Qué tiene que andar dando declaraciones públicas el presidente de un tribunal de justicia electoral, –acaso los jueces ventilan los asuntos sometidos a su consideración en la vox populi– desdiciéndose de una sentencia dada por unanimidad? ¿Y no sería precisamente esa confusa intervención suya –¿ofrecida de muto propio o haciendo mandados ajenos?– la mecha que bien pudo haber encendido la llama? Sucede en Guanaja lo que –gracias al heroico desempeño de dos consejeras que, cuidando de la democracia, resistiendo y venciendo hostilidades y hostigamiento oficial– no ocurre en las elecciones generales. Aquella contienda electoral, tutelada por el CNE de manera ejemplar, fueron elecciones impecables que dieron a los hondureños momentos de paz, de respiro y de esperanza.

(Pero hay a quienes les pica la lengua por echar culpas indebidas al máximo órgano electoral por lo sucedido durante los escrutinios especiales –en lo que nadie del CNE metió las manos, ya que la revisión de las actas y recuento de votos de las urnas, es potestad de los partidos políticos–saboteadas por el contubernio de representantes de dos partidos, colocados por sus dirigencias –otra vez, nada que tenga que ver con la ley, sino el mal proceder de la clase política mañosa que no actúa con decencia, ni respeta las leyes– en una clara estrategia de impedir la declaratoria oficial, con fines inconfesables y hasta de facilitar la continuidad del régimen de turno).

Pero, en la isla, los encapotados cielos de confusión –nubes cumulonimbos sembradas por la imprudencia de opiniones públicas indebidas, de funcionarios que deben quedarse callados– sirve de caldo propicio al ambiente cerril de obstrucción para impedir los comicios. En horas de la tarde, debido a los disturbios y al delictivo proceder de los que no querían la elección, tuvieron que ser reprogramadas por obvias razones de inseguridad; si hasta le metieron candela a una escuela que servía de centro de votación. (Sigan soñando –tercia el Sisimite– que con cambiar la ley vayan a remediar lo sinuoso del proceder político. -Si es que lo fácil es lo cosmético –ironiza Winston– cuando no hay voluntad de arreglar lo difícil: la conducta necia, el proceder oblicuo y la chueca actitud de los que les cuesta entender lo que es vivir en democracia, va a seguir desatando tempestades. ¿Y árbol que nace torcido, alguna vez su tronco endereza?).

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