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sábado, julio 18, 2026

Capitalismo de compadres

Por Héctor A. Martínez (Sociólogo)

El capitalismo de compadres es la forma más común de hacer negocios aprovechando el poder político. También es la causa de la pobreza y el atraso económico.

A diferencia de un mercado competitivo, donde la oferta y la demanda operan bajo reglas claras, el capitalismo de compadres funciona cuando políticos y empresarios establecen un vínculo de favores mutuos que van desde exoneraciones hasta leyes especiales, pasando por licencias aduaneras, contratos dirigidos y barreras para eliminar competidores. A cambio, los políticos participantes reciben estímulos de todo tipo, especialmente financiamiento para las campañas o incluso participación accionaria en las empresas corruptas.

¿Quién no recuerda el caso Odebrecht? Esa compañía constructora pagó cerca de 800 millones de dólares a políticos de doce países para asegurar contratos millonarios en infraestructura pública. En Honduras, el saqueo del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) reveló la consolidación de una nueva clase de mercaderes del Estado: burócratas que, aprovechando la cercanía con el poder, utilizaron empresas fachada para adjudicarse contratos millonarios en la provisión de bienes y servicios. Latin Node, por su lado, sobornó a funcionarios de HONDUTEL para obtener a cambio tarifas de interconexión más bajas que el promedio de la industria. Como resultado, sus directivos fueron condenados a prisión en los Estados Unidos. Suponemos que nuestros “entrepreneurs” andan gozando de los millones obtenidos.

El grave problema del capitalismo de compadres, como hemos visto, es que exime a los “inversionistas” de competir en buena lid, acumulando un capital que no proviene de la eficiencia operativa ni de la calidad, sino de la palanca que se tenga con el poder. Bajo esa lógica y en ausencia de una libre oferta y demanda –y de leyes verdaderas— los precios de los productos, servicios y salarios se establecen de manera arbitraria. Los empresarios protegidos por el Estado, saben que en un contexto de libre mercado deben aprender a competir con talento y que el éxito solo es alcanzado por los más perspicaces. En el sistema de compadres solo los perversos triunfan. En “Las leyes malas”, Alberto Mansueti dice que los inteligentes son personas que ganan y hacen ganar a muchos. Pienso en Microsoft y Google. Los perversos también ganan, pero aprovechándose de los demás.

Tan extendido se encuentra este capitalismo de amigotes, que hasta llegó a infectar la Revolución cubana y la bolivariana. Los altos mandos militares cubanos vinculados a GAESA y el mismo Alex Saab –ahora enfrentando procesos judiciales en Miami— pueden dar fe de lo que decimos. Es decir, los negocios son los negocios; las ideologías son para que se peleen “los de abajo”, como diría Mariano Azuela.

Lo peor viene después. Cuando los inversionistas honrados ven que las reglas no están claras y existe mucho amiguismo entre los gobiernos y sus compadres, prefieren llevar su plata a lugares más seguros, como El Salvador o Costa Rica. La ausencia de la inversión extranjera significa menos de todo para un país: empleo, salarios dignos, consumo, medicamentos y materiales escolares. O sea, más pobreza y más desgracias.

Posdata para los analistas y periodistas de nuestro patio: el capitalismo de amigotes es el sistema que explica por qué la economía crece tan poco y por qué persisten la pobreza, la delincuencia y la migración. No hay mucho más que agregar. El diagnóstico está hecho.

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