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sábado, julio 18, 2026

Caminatas que incomodan al poder

Hace unos meses miraba con interés como ciertas iglesias evangélicas y la iglesia católica, en unidad, planificaban realizar una marcha por la paz y la democracia Lo primero que se me vino a la mente, fue las marchas de las camisas blancas que ayudó en gran medida a derrocar el primer mandato de los Zelaya.

Ahora, en este segundo, revivieron esos momentos, pero con una gran diferencia, no era la empresa privada, ni los políticos que la organizaban, no se miraban a los titiriteros controlando esta actividad.

Como mencioné en un artículo anterior, nuestro Estado es laico, así me parece que debería ser, sin embargo, dado las caracteristicas de nuestro país, muchas veces las iglesias sirven de intermediarias ante ciertas situaciones, claro, esto también trae sus peligros si se politiza o se “venden”, definitivamente se pierde la perspectiva.

Históricamente, las iglesias han estado divididas, de hecho, hasta en las familias hondureñas se ve esa grieta, cuando alguien se convierte al evangelismo, algunos sienten traicionados, ya que hay diferentes formas de interpretar los evangelios.

El ecumenismo no es bien visto por todas las iglesias protestantes, por principios no se unirían a ninguna caminata convocada con esta visión. Mezclar política con religión, es una combinación complicada.

Recordemos que las mentes de los feligreses se pueden manipular fácilmente, ya que están generalmente dóciles ante sus líderes religiosos. Claro, no significa que las personas no sean pensantes y con criterio propio.

Entonces ¿cómo justificar este tipo de marchas convocadas por las iglesias? No tengo una respuesta contundente ante esta interrogante, pero podría suponer, que, si el actual gobierno se asustó con esta marcha, es porque sienten que les podrían “mover” el piso.

La marcha fue descalificada, antes y después, ridiculizada, ninguneada y hasta quisieron invisibilizarla, un gran error para un verdadero estadista. Estoy de acuerdo, con que, debe haber línea clara entre la fe y la política, las masas pueden ser manipuladas.

Sin embargo, creo que estamos lejos, de llegar a los extremos de una teocracia, pero si debemos reflexionar sobre estos puntos: ¿Por qué la institucionalidad no es suficiente? ¿Por qué la gente sale a las calles de manera voluntarias a orar por la paz y la democracia de Honduras y no lo hace en las iglesias? y ¿Por qué esto le da pavor a la clase gobernante?

Estamos lejos de llegar a los extremos de países que viven bajo la teocracia, pero sí estamos conscientes de que la institucionalidad resulta insuficiente, que la democracia es utilizada para llegar al poder, pero pesa más el clientelismo político y continuar alimentando el caos.

El papel de las iglesias debe ser siempre de unidad, cohesión social y sobre todo llevar el evangelio a la gente, de hecho, la mayoría lo hacen y además ayudan a las comunidades donde tienen influencia, están de manera permanente y no lo hacen solamente en tiempo de elecciones primarias o generales.

Las iglesias no pueden, ni deben prestarse al juego del poder, pero sí a defender la paz y la unidad de las naciones. Esta caminata sin duda incomodó al poder y debe documentarse en los anales de la historia hondureña, como el deseo de los creyentes de vivir en paz y democracia.

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