Elegir entre café y té es uno de los debates más comunes a la hora del desayuno. Mientras que en países occidentales predomina el café, el té es la segunda bebida más consumida en el mundo, con gran popularidad en Asia y América del Sur.
Ambas bebidas aportan beneficios a la salud, pero con efectos distintos sobre el organismo.
El café contiene cafeína y antioxidantes como el ácido clorogénico, que ayudan a proteger las células y pueden tener efectos antiinflamatorios.
Su consumo mejora el estado de alerta, la concentración y la memoria a corto plazo. Sin embargo, el exceso puede causar nerviosismo, insomnio o aumento de la frecuencia cardíaca.
El té, derivado de la planta Camellia sinensis, contiene cafeína y compuestos antioxidantes como las catequinas.
El té verde, en particular, ayuda a proteger el sistema cardiovascular, puede reducir riesgos de enfermedades crónicas y proporciona L-teanina, que genera una sensación de alerta tranquila sin somnolencia.
El té negro tiene más cafeína que el verde y también mejora la función cognitiva y la salud cardiovascular, ayudando a reducir el colesterol malo (LDL) y favoreciendo el estado de los vasos sanguíneos.
Sus efectos pueden complementarse con los beneficios del café, ofreciendo alternativas según el nivel de estimulación deseado.
En conclusión, no hay un ganador absoluto: el café proporciona un estímulo más inmediato y potente, mientras que el té ofrece una energía más suave y prolongada junto con antioxidantes que promueven la salud. Elegir entre ambos depende de las preferencias personales y los objetivos de bienestar.
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