Aunque muchas veces se bromea con que las mujeres tienen la vejiga más pequeña, los expertos aclaran que el tamaño de la vejiga femenina y masculina es prácticamente el mismo.
Ambas pueden contener entre 400 y 600 mililitros de orina. La diferencia, explican los especialistas, radica en factores anatómicos, hormonales y sociales que influyen en la frecuencia con la que sienten la necesidad de ir al baño.
En las mujeres, la vejiga comparte espacio en la pelvis con el útero y la vagina, lo que reduce el margen de expansión. Durante el embarazo, por ejemplo, el útero presiona la vejiga, provocando una sensación constante de urgencia.
Además, las hormonas y el suelo pélvico —músculos que sostienen los órganos internos— también juegan un papel importante, ya que pueden debilitarse con el parto o el paso del tiempo, afectando el control urinario.
Otro factor clave es la uretra más corta de las mujeres, lo que las hace más propensas a infecciones urinarias.
Estas infecciones pueden dejar la vejiga más sensible incluso después de haber sanado, provocando una necesidad más frecuente de orinar.
Los hábitos aprendidos desde la infancia también influyen. A muchas niñas se les enseña a “ir por si acaso” o a evitar baños públicos, lo que puede reducir la capacidad natural de la vejiga para retener orina.
Con el tiempo, este comportamiento condiciona al cuerpo a sentir urgencia antes de que realmente sea necesario.
Según especialistas del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, el entrenamiento de la vejiga y los ejercicios del suelo pélvico son métodos efectivos para recuperar el control y disminuir la frecuencia de la micción.
En resumen, no se trata de una vejiga más pequeña, sino de una combinación de anatomía, hábitos y hormonas que explican por qué las mujeres suelen ir al baño con mayor frecuencia que los hombres.
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