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domingo, julio 19, 2026

¿Arma literaria?

A propósito los versos en los últimos editoriales y de los maestros en el uso de la ironía como arma literaria: Luis de Góngora y sus soledades. “La obra es una larga composición culterana en dos soledades completas (Primera y Segunda) y dos incompletas.

Es un poema denso, lleno de hipérbaton y metáforas, donde la belleza de la naturaleza, la soledad del peregrino y el contrapunto entre vida rústica y corte son centrales.” De la apertura:

“Era del año la estación florida/ en que el mentido robador de Europa,/ media luna las armas de su frente,/ y el Sol todos los rayos de su pelo,/ luciente honor del cielo,/ en campos de zafiro pace estrellas./ Florido el campo, alegre el monte, el río/ al Sol enamorado desafía.”

(En la Primera Soledad arranca con imágenes de Júpiter transformado en toro para raptar a Europa. Integra naturaleza, mito y pintura verbal). Tomado de la Segunda Soledad (inconclusa):

“¡Oh campos bienaventurados,/ si siempre vuestros ganados/ pacieren en vuestras flores,/ si de las ninfas pastores/ nunca fueran olvidados!/ Ni el monte, ni el prado, oíran/ de quejas ecos, ni viera/ la ribera llanto alguno,/ ni el cielo nube de invierno.”

(Idealización del campo como un paraíso libre de la corrupción de la corte y de las penas del amor.)

Un poco de historia. “La reputación de Luis de Góngora y su obra maestra “Las Soledades” ha experimentado una evolución dramática, desde la controversia inicial hasta su consagración como pilar de la literatura española.”

“Las Soledades fueron tachadas de herméticas y pretenciosas por su lenguaje complejo, repleto de cultismos, hipérbatos y alusiones mitológicas.” (Quevedo ridiculizaba su estilo).

Sin embargo, tuvo defensores notables, entre ellos Sor Juana Inés de la Cruz y el peruano Juan de Espinosa Medrano (“Lunarejo”) quienes defendieron su genio, destacando su innovación estética.”

La generación del 27, entre ellos el insigne Federico García Lorca, Rafael Alberti y Dámaso Alonso, lo reivindican como “modelo de “vanguardia lingüística”. Su influencia literaria en autores como Rafael Alberti (Soledad tercera) y al novelista John Crowley (The Solitudes).

Su obra es utilizada en la enseñanza del español para analizar “competencia discursiva” y evolución lingüística. Góngora pasó de ser un “hereje literario” en el Barroco a un “clásico esencial”.

“Las Soledades, inicialmente vilipendiadas, hoy son celebradas por su complejidad lingüística, crítica social y apertura a múltiples interpretaciones. Su obra encarna la tensión entre tradición y renovación, consolidándolo como un innovador comparable a Joyce o Mallarmé en la literatura universal.”

Francisco de Quevedo, un genio de la literatura que reunía tres condiciones muy raras en un mismo autor: “intelecto vastísimo, dominio absoluto del lenguaje y una capacidad única para moverse en todos los registros literarios.” Su genialidad “no es solo técnica, sino también intelectual y cultural.”

“Dominaba latín, griego, hebreo, italiano y francés, y tenía formación profunda en filosofía, teología, historia, política, moral, retórica y ciencias de su tiempo.” “Leía y citaba a Aristóteles, Séneca, Santo Tomás, Cicerón, Tácito, Horacio, Juvenal… y esa cultura no era decorativa, sino que la incorporaba a sus versos y prosas para argumentar, satirizar o moralizar.”

“Sabía transitar del pensamiento político (como en La política de Dios) a la reflexión filosófica y moral (como en sus sonetos sobre el tiempo y la muerte). Era maestro del conceptismo, un estilo que condensa mucho sentido en pocas palabras, con agudeza, dobles sentidos, paradojas y juegos de ingenio.”

“Tenía una capacidad sin igual para el epigrama lapidario: un par de versos bastaban para ridiculizar a un enemigo o dejar una máxima moral para la posteridad.” “Su prosa es tan precisa como su poesía: limpia, irónica y demoledora. Sus sátiras no son simples insultos: retratan tipos humanos universales —el necio, el avaro, el hipócrita, el falso devoto— que siguen vigentes.”

“Tenía una mirada cruelmente lúcida para desnudar las miserias humanas y políticas. Su humor no es solo burla: es diagnóstico de vicios y engaños.” Del soneto “Amor constante más allá de la muerte”: “Cerrar podrá mis ojos la postrera/ sombra que me llevare el blanco día;/ y podrá desatar esta alma mía/ hora, a su afán ansioso lisonjera;/ Mas no, de esotra parte, en la ribera,/ dejará la memoria, en donde ardía;/ nadar sabe mi llama la agua fría,/ y perder el respeto a ley severa.”

Del soneto “Miré los muros de la patria mía”: “Miré los muros de la patria mía,/ si un tiempo fuertes, ya desmoronados,/ de la carrera de la edad cansados,/ por quien caduca ya su valentía./ Vencida de la edad sentí mi espada,/ y no hallé cosa en que poner los ojos/ que no fuese recuerdo de la muerte.”

(El Sisimite: “Junto a Cervantes, Lope de Vega, Góngora y Quevedo, las cuatro cumbres del Siglo de Oro español.” -Quevedo –ilustra Winston—era un genio poseedor de una inteligencia verbal prodigiosa, un bagaje cultural inmenso, y sabía usar ambas cosas para crear belleza, hacer filosofía, desnudar verdades y destrozar enemigos en muy pocas palabras.” Raro caso de un autor que es a la vez poeta de la eternidad y bufón implacable de su tiempo.)

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