“DE verdad –mensaje de la vieja amiga que se despierta a medio día– que tanto el editorial de ayer como el de hoy son una inspiración y una muestra de lo que somos los hondureños, somos gente buena y de paz”.
“Recorrimos con el arquitecto y toda la familia casi la marcha completa; no se sintieron los pasos caminados, solo la alegría y emoción del reencuentro con los hondureños sin importarnos su fe o su partido”. “Abrazos cálidos que salían del corazón. Era muy necesario este llamado convocado por la Fe”.
Un lector fundador del colectivo: “Ya que Winston no pudo ir a la caminata, según dijo amparado en la cita: –“Honduras caminó sobre los pies confiados de la esperanza”. –porque era de “pies” y no de “patas”, póngalo, aprovechando la invocación a la musa, a traducir en décimas la prosa del editorial”.
“El milagro en las calles/ tan excelso y evidente,/ del hondureño creyente/ de pueblos y de ciudades./ ¡No te rindas ni desmayes/ arriba, de madrugada!/ Llegaron a la jornada/ pidiendo paz duradera/ plegaria que reverbera/ en nuestra patria sagrada./ Sin el encono sectario,/ bajo flameantes banderas/ un mar de filas enteras/ en oración con rosario/ o con su canto primario/ sembrando la dicha al andar/ y fue la calle el altar/ la ruta de la esperanza/ testigo de la confianza/ del pueblo al caminar./
Cada pecho en su interior/ guardaba ruego silente,/ y el rumor de tanta gente/ sonó como un clamor./ Sin colores, sin rencor,/ solo fe por la nación,/ reclamar en oración/ elevar mirada al frente/ pedir voto trasluciente,/ para una íntegra elección./
Fue íntimo, pero masivo/ acto de unión soberana,/ la luz de una fe que emana/ en torno a un solo objetivo:/ el discurso persuasivo/ de un pueblo de rodillas,/ implorando maravillas/que la Honduras quiere sembrar;/ ver la cosecha al levantar:/ paz; fruto de sus semillas./ Dormida estaba la fe,/ como brasa en la ceniza,/ apagada y sumisa/ al estridente ruido qué/ nada escucha, nada ve./ Más, en la regia procesión/ se alzó con gran devoción/ con una fuerza sonora/ que aquello que se atesora/ nace y crece en la tradición./
Recordando que aún aflora/ la fibra indestructible,/ de un espíritu invencible/ desde siempre no de ahora./ Más bien hoy llegó la hora;/ escoger lo que se prefiere:/ la prisa sin rumbo hiere/ el ruido solo ensordece/ tanto grito no enriquece/ no se aguanta ni se quiere./ Romper cadenas de hastío/ más cuando el espíritu quiere/ lo dormido nunca muere/ surge cual raudal bravío/ la vocación silenciada,/ se torna en fe renovada/ lo que fue tedio sombrío/ dejado al libre albedrío/ renace en solemne cruzada./ El roble, tronco curtido,/ resiste furia y quebranto,/ se mece, pero no tanto/ para no acabar vencido./
El hondureño así ha sido,/ templado en ráfaga fiera,/ que azota, empuja y lacera,/ pero jamás lo derrumba,/ pues lo sostiene la tumba/ de su raíz verdadera./ Vocación que resplandece,/ aunque el sopor la adormezca,/ aunque el ruido la oscurezca,/ si en el tiempo desfallece,/ es semilla que florece,/ latido en hondas entrañas,/ que ha cruzado las montañas/ de tempestades y enojos,/ y aún brilla viva en los ojos/ de una fe que no se empaña”.
(Esos versos son oportunos –tercia el Sisimite–para no dejar caer el fervor que produjo la caminata entre los creyentes, como una especie de arranque a este sentir espiritual, algo por lo que hay tanta necesidad en estos tiempos de crisis y de incertidumbre colectiva. Se ocupa de un refuerzo al estado anímico para llenar esos tremendos vacíos. -Algo que cae como anillo al dedo –interviene Winston– a esa motivación que produjo la procesión en decenas de ciudades, es el inicio de esta campaña de la cúpula empresarial bajo un poderoso mensaje: “Cada trabajo construye Honduras: Tu voto también”. “Sigamos construyendo juntos”. A ver si otros sectores, económicos, académicos y gremiales imitan estas iniciativas haciendo lo propio).


