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domingo, julio 19, 2026

¿Algún oficio?

SI algún oficio cumple la mala hierba en la política es metiendo cizaña. (Ejemplo: En vez de dar confianza a la ciudadanía en torno al proceso electoral, los cizañeros se encargan de sembrar cizaña a diestra y siniestra, matándole a la gente su esperanza democrática).

La evolución del término “cizaña” desde su origen en la parábola bíblica hasta su uso actual, “meter intriga o causar discordia”, es un ejemplo fascinante de cómo un concepto agrícola y teológico se transformó en una expresión idiomática cargada de significado cultural y moral.

Aquí –asistidos de la IA– más sobre la «mala hierba». Origen en la parábola bíblica: “La cizaña como símbolo del mal”: Contexto agrícola: “La cizaña (Lolium temulentum) era una maleza común en Palestina que se parecía mucho al trigo en sus primeras etapas de crecimiento, pero sus semillas eran tóxicas y podían causar náuseas, convulsiones o incluso la muerte si se consumían”.

Significado teológico: En la parábola (Mateo 13:24- 30), Jesús usa la cizaña como símbolo del “mal sembrado por el diablo” en el “campo terrenal”. “Representa a los “hijos del malo” que corrompen la obra de Dios”.

Acción maliciosa: “El enemigo siembra cizaña “mientras los labradores dormían”, destacando la naturaleza astuta y solapada del mal”.

Evolución semántica: Su toxicidad y similitud con el trigo la convirtieron en una metáfora natural para “algo que corrompe desde dentro”. “La idea de “sembrar cizaña” pasó de referirse literalmente a la acción agrícola a simbolizar “actos intencionados de división y engaño”: “Meter cizaña” implica introducir discordia en relaciones o grupos, tal como el enemigo introduce la maleza en el campo.

“En español, la frase se consolidó para describir a personas que provocan conflictos o desconfianza, especialmente de manera solapada”. “La expresión se popularizó en culturas de habla hispana gracias a la influencia de la predicación cristiana, donde la parábola era usada frecuentemente para advertir sobre el peligro de las influencias corruptoras”.

“El cristianismo ve la cizaña como una metáfora del “pecado, la herejía y la influencia corruptora” que se opone al Reino de Dios”: “Así como la cizaña es sembrada por el enemigo, el mal moral y espiritual tiene su origen en el diablo”. Puede manifestarse como pecados personales (odio, egoísmo, maledicencia) o estructuras de pecado (injusticias sociales, corrupción, falsas doctrinas, o ahora en el contexto político los que urden teorías de conspiración).

“Dios permite su crecimiento temporal para evitar dañar al «trigo» (los justos) y dar tiempo al arrepentimiento”.

(Sería raro –tercia el Sisimite– que los cizañeros de la política alguna vez se arrepintieran del mal que hacen. Más bien algunos gozan del daño que ocasionan porque esa es su naturaleza. Su chance de figuración –en este medio de redes, de chunches digitales, de sed inagotable de distracción y del espectáculo de la changoneta, de la superficialidad de “analfabestias” del siglo XXI que, sabiendo leer y escribir, nada leen y nada de ver escriben– desbocados, queriendo eludir su irrelevancia.

(La separación final le corresponde a Dios en el juicio final, no a los humanos). -O sea –se lamenta Winston– ¿que la mala hierba continuará ejercitando su maledicencia cizañera, pese a que la fe manda a los creyentes a evitar la cizaña no sembrando discordia, y ser trigo, cultivando virtudes como la unidad y la verdad? “Meter cizaña” es recordar que las palabras y acciones pueden ser tan tóxicas y dañinas como la maleza bíblica, y un llamado a elegir ser sembradores de paz y verdad).

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