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Honduras
domingo, julio 19, 2026

Votar por la opción moral

Por Héctor A. Martínez

Honduras vive en estos momentos una etapa que exige de sus ciudadanos mucha reflexión y valentía. Como sucede en algunos países latinoamericanos, la libertad y la democracia se encuentran en peligro desde hace algún tiempo, y ahora más que nunca sus hijos necesitan defenderla con el escudo del voto y la fuerza de la conciencia cívica.

Sin caer en dramatismos, la amenaza autoritaria que hoy pesa sobre el país no es menor a la de una invasión o una guerra civil. Por ello, los dioses de la democracia nos presentan tres caminos: uno que conduce hacia el despeñadero de la autocracia, otro que es más de lo mismo y un tercero que se presenta como la única opción que tenemos para forjar una nación de respeto, de paz y bienestar social.

La gente no alcanza a percibir lo que desde hace días venimos advirtiendo: la pérdida de las libertades. El elector promedio todavía procesa estas elecciones en términos tradicionales, es decir, como si se tratara de los mismos sufragios que hemos tenido en el pasado, cargados de emotividad momentánea.

El panorama de hoy ni siquiera guarda semejanza con las votaciones del 2021, cuando el PLR alcanzó la victoria más por el rechazo del electorado hacia el Partido Nacional, tras doce años de corrupción y vínculos con el narcotráfico. Hoy, esos mismos actores pretenden volver sin haber pedido clemencia a los ciudadanos y sin haber depurado sus fermentadas estructuras organizacionales.

Que el presidente de los Estados Unidos haya expresado el respaldo a su líder, no limpia el historial que arrastra el PN ni reduce su responsabilidad del pasado. Por eso, desde esta tribuna pedimos cordura y reflexión, especialmente al electorado nacionalista, a los líderes comunitarios, étnicos y gremiales que no gozan de los privilegios del Gobierno.

Antes de votar, conviene hacer un ejercicio de memoria y honestidad. La pregunta básica que debemos hacernos es: ¿Honduras ha mejorado? El PN prometió orden y prosperidad. El PLR prometió seguridad y moral. Ambos compromisos quedaron en nada. Fuera de la propaganda oficialista y la demagogia de las estadísticas, la realidad la sentimos en las calles, en los hospitales, escuelas y bolsillos.

Ahí radica la respuesta que impulsa el depósito del voto bien pensado. El país no logra progresar, sino que involuciona hacia la miseria. Las viejas estructuras del poder, afincadas en las élites añejas –y las nuevas que buscan reemplazarlas— nos mantienen en el atolladero de la economía, la cultura y la política misma.

Sin embargo, hoy disponemos de una opción distinta; una que no arrastra las redes clientelares de siempre, pactos oscuros, ni las complicidades que han hecho de la corrupción la institución más apetecida de los grupillos en pugna. A la luz de un examen ético riguroso, solo hay un candidato cuya trayectoria pública se ha mantenido al margen de los vicios políticos de siempre, a pesar de las campañas de miedo que buscan desacreditarlo.

Ciudadanos: el país se merece una oportunidad distinta; un liderazgo no comprometido con los errores del pasado. Que el voto del domingo sea una responsabilidad y una esperanza.

Votemos por la alternativa que, en medio de la podredumbre política, aún conserva coherencia ética y ofrece una posibilidad de cambio real. Ya sabéis dónde está.

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