Por: Otto Martín Wolf

No sería extraño encontrar una placa de bronce que dijera: “Aquí cayó una suspensión y dos llantas explotaron en 1998.”
Excelente.
Cinco temas.
Todo gracias a una página que, hace apenas unos minutos, estaba más vacía que una promesa electoral después de las elecciones.
Pero el problema continúa.
¿Por qué los ciudadanos toleran tantas cosas?
Y terminamos hablando de educación.
Porque una educación deficiente produce ciudadanos mal informados
Los ciudadanos mal informados eligen mal.
Los que eligen mal se quejan.
Los que se quejan vuelven a elegir.
Y así sucesivamente, en un hermoso ciclo ecológico perfectamente sostenible.
Ahora tenemos seis temas.
La educación nos lleva directamente al empleo.
El empleo nos conduce al salario.
El salario nos presenta a la inflación.
Y la inflación tiene la desagradable costumbre de comerse el dinero con más rapidez que un adolescente hambriento frente a una pizza.
Cuando el salario no alcanza, aparece la pobreza.
Cuando aparece la pobreza, muchos emigran.
Y cuando emigran, los políticos prometen resolver las causas de la emigración.
Con lo cual regresamos exactamente al punto de partida.
Es decir, la política.
La política, como los boomerangs perfectamente diseñados, siempre vuelve.
He aquí algo extraordinario.
Comencé esta columna convencido de que no tenía nada sobre qué escribir.
Ni una idea.
Ni media.
Ni siquiera un pensamiento defectuoso.
Sin embargo, la página en blanco terminó proporcionándome seguridad, hospitales, corrupción, carreteras, educación, empleo, inflación, pobreza, migración y política.
Ha resultado ser mucho más productiva que varios ministerios juntos.
Empiezo a sospechar que las páginas en blanco son un engaño.
No existen.
Son como los unicornios, los presupuestos equilibrados y los políticos que renuncian voluntariamente a un privilegio.
Lo que llamamos página en blanco es simplemente una página que todavía no ha comenzado a protestar.
Porque basta escribir una sola palabra para que aparezcan diez problemas.
Y basta mencionar uno de esos problemas para que lleguen veinte más.
De modo que el verdadero bloqueo creativo quizá no reside en la falta de temas.
Creo que consiste en decidir cuál de todos los desastres merece el honor de inaugurar la primera línea.
Y mientras escribo esta última frase descubro algo inquietante:
La página ya está llena.
Lo único que continúa completamente en blanco es la solución.



