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martes, febrero 27, 2024

Superando las etapas

Ayer, en una de mis clases de Psicología, discutíamos la vejez y todas sus implicaciones. Tratábamos de llegar a conclusiones sobre qué tan naturales son ciertos síntomas físicos y emocionales en esa etapa ya que después de cierta edad, acostumbramos achacarle todos nuestros males al tiempo que tenemos por aquí, esto porque así nos quitamos de responsabilidades, es más fácil atribuirle a nuestros años nuestros males que comenzar a hacer un recuento de los daños que nos hemos causado nosotros mismos con nuestro estilo de vida, el cual puede llegar a ser más determinante que los mismos genes y que los mismos años.

Una estudiante nos compartía la gran diferencia que encontraba en sus abuelos. Nos contaba que él, a pesar de ser una persona de edad avanzada, se mantiene muy regio y saludable, con mucha energía y buen ánimo y que ella, en cambio, aun siendo un poco más joven que él, está llena de dolencias, mal humor y cansancio. Le pedimos que nos hablara un poco más acerca del tema, que nos dijera a qué conclusiones había llegado, las razones por lo que esto podría estar sucediendo, y nos dijo que había escuchado que su abuelo había sido desde joven un hombre muy activo y sociable. Que a todos lados se conducía en bicicleta, que había trabajado lo necesario para sostener a su familia, y que contaba con un pequeño grupo de amigos con los que se reunía regularmente. La abuela, por su parte, había decidido dedicarse en cuerpo y alma a su casa, su marido y sus hijos, llevando una vida sedentaria y aislada ya que se había alejado de su pueblo natal para instalarse en el de su esposo desde hacía ya varias décadas. No tenía siquiera una amiga con quien hablar, al menos su nieta no le conocía amistad alguna. Y desde luego que todos hemos conocido mil y un casos de estos, sobre todo en las parejas mayores. Se trata de costumbres que se vienen arrastrando desde varias generaciones atrás. Pero también de personalidad, de creencias arraigadas, etc. Y claro que no hay que ser adivino para saber por qué están recibiendo la vejez de manera tan diferente cada uno de ellos.

Erik Erikson, reconocido psicoanalista, nos dice que para llegar bien a una edad madura tendremos que haber pasado de manera satisfactoria las diferentes etapas de nuestras vidas; haber tenido un entorno seguro y amoroso cuando niños, haber superado los altibajos experimentados en la adolescencia, luego haber conseguido relaciones sólidas, así como autonomía mientras nos convertíamos en adultos. Pero ahí no termina porque además será necesario seguir siendo productivos, no estancarnos porque si lo hacemos podemos llegar a sentirnos aburridos y tristes la mayor parte del tiempo.

Entonces, si hemos sido lo suficientemente maduros para atravesar con éxito las etapas anteriores a la vejez, llegaremos a ella sintiéndonos plenos, satisfechos de nuestras vidas, cuando miremos hacia atrás lo haremos con agrado porque recordaremos que no dejamos nada por hacer, o al menos no eso que quisimos hacer porque aparentemente nos arrepentiremos más de las cosas que no hicimos que de las que hicimos. Continúa diciéndonos Erikson que tendremos la sensación de estar completos y por lo tanto afrontaremos el hecho de nuestro inminente deceso con un mínimo de temor. ¿Suena bien, no? Ojalá una buena mayoría de nosotros pueda lograrlo.

Emy James
Emy James
Emy James, psicóloga y Máster en Educación, escritora a nivel profesional. Trabaja en teatro y radio y es también docente.
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