L a expresión en japonés shinki-itten, está relacionado con la renovación, en dar un giro, dejar atrás el pasado y construir un futuro poderoso. En la historia moderna, este concepto encaja con el renacer del Japón en la posguerra.
No soy tan conocedora de la cultura japonesa como quisiera, de hecho, ese es uno de los países que todavía está en mi lista de los que quiero conocer, me inspira mucho su resiliencia.
Al leer de la historia reciente del siglo 20, vemos como los nipones se involucraron en la segunda guerra mundial, que trajo consecuencias atroces a toda la humanidad, ya que fue justamente durante esta guerra que se lanzó la primera bomba atómica y también la segunda sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.
Hace 80 años, un 6 de agosto de 1945 a las 8:15 horas, un avión bombardero lanzó sobre la ciudad de Hiroshima a “Little Boy”, así le llamaron a la primera bomba atómica, en español se traduce como “niño pequeño” o “niñito”.
Aún con toda la destrucción que causó esta arma letal sobre la ciudad, los japoneses no se rindieron. Murieron de forma fulminante más de 70 mil personas y todos los seres vivos que ahí habitaban.
Miles fallecieron posteriormente como consecuencia de las heridas y la radiación. Como siempre los civiles se llevaron la peor parte, en ese momento Japón tenía un gobierno imperial.
El emperador Hiroshito, era un símbolo sagrado del Estado, aunque en gran medida los militares eran los que tenían el control, la figura del emperador era necesaria para legitimar cualquier decisión.
Los militares japoneses creían que resistirían a pesar de la primera bomba atómica y darían una gran batalla cuando las tropas enemigas ingresaran a su territorio. Estaban de alguna manera confiando en que no recibirían una segunda bomba letal.
El código de honor de los combatientes, hacía que ellos dieran literalmente su vida por la patria. Eran tan extremos que tenían pilotos aéreos, llamados “kamikaze”, operaban de manera suicida sus aviones cargados de explosivos e impactaban contra los buques enemigos, especialmente los objetivos estadounidenses, ubicados en el mar Pacífico.
Los japoneses no se rindieron, esta decisión les costó más muerte y destrucción, sobre la ciudad de Nagasaki, la segunda bomba llamada “Fat man” cayó a los tres días sobre la ciudad a las 11:02 horas.
Otra gran tragedia para la nación nipona, ante esto, finalmente decidieron rendirse. El mensaje fue directamente emitido por el emperador Hiroshito, aunque las decisiones habían sido tomadas de manera conjunta con los militares y políticos.
Para el pueblo japonés, el emperador Hiroshito era un ser divino, según se les había hecho creer por siglos, era descendiente de la diosa Amaterasu. Un dato interesante, es que luego de la rendición, los Estados Unidos hicieron una exigencia inusual dentro de las reformas políticas y sociales que impulsó el famoso general Douglas MacArthur, le exigieron al emperador Hiroshito que renunciara públicamente a su condición de ser divino, desmitificando la obediencia absoluta a esta figura.
Las pérdidas de vidas humanas entre las dos bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki según los historiadores son arriba de las 200 mil víctimas, sumados a esto los daños al medio ambiente, incluyendo la destrucción de la flora y la fauna.
Para algunos estrategas, el uso de las bombas atómicas era la única vía rápida para finalizar la Segunda Guerra Mundial. Japón debía rendirse de manera inmediata, de lo contrario miles de vidas de soldados estadounidenses y también japoneses se perderían.
Para otros, sí existían alternativas menos letales, pero tomaría más tiempo, como esperar que la Unión Soviética avanzará a este territorio. Un argumento que todavía tiene peso, era la necesidad de justificar el millonario Proyecto Manhattan, las bombas estaban listas para ser detonadas contra los enemigos.
Vale la pena resaltar que Japón a pesar de la destrucción que vivió, logró superarse y aprovechar los tratados de paz y las reformas sociales, económicas y políticas para alcanzar el bienestar de toda su población. Reconstruyó sus instituciones, modernizó la economía y priorizó el bienestar de los japoneses.
Literalmente, surgió entre las cenizas y se convirtió en una de las naciones más prósperas del mundo y tecnológicamente avanzadas. Pasó de ser una nación derrotada a convertirse una verdadera potencia mundial, vivió un verdadero “shinki-itten”, venciendo el militarismo ancestral, orientándose al desarrollo y la paz.
Tuvo un nuevo comienzo. En la actualidad hay ocho países que tienen armas nucleares, pero solo cinco forman parte del Tratado de No Proliferación Nuclear: Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia y China.
Los otros confirmados con armas nucleares pero que no han firmado el tratado, son India, Pakistán y Corea del Norte. ¿Qué tan lejos estamos de que nuevamente una bomba nuclear sea detonada? o ¿Será que como humanidad aprendimos la lección? “No sé con qué armas se luchará la Tercera Guerra Mundial, pero la cuarta será con palos y piedras.” Cita atribuida a Albert Einstein



