Mantener las sábanas limpias es clave para la salud y el descanso. Aunque no siempre se note, con el uso diario se acumulan sudor, bacterias y células muertas.
Durante la noche, el cuerpo libera hasta medio litro de sudor. También desprende residuos de piel que quedan en la tela, creando un ambiente ideal para microorganismos.
Estos residuos sirven de alimento para los ácaros del polvo. Estos organismos se reproducen con facilidad en espacios cálidos y húmedos, como la cama.
Especialistas coinciden en que las sábanas deben lavarse cada semana. En casos extremos, el plazo no debería superar las dos semanas.
Estudios señalan que en solo siete días pueden acumularse millones de bacterias. Por eso, la limpieza frecuente es fundamental.
Hay situaciones donde se recomienda cambiar las sábanas más seguido. Personas con alergias o piel sensible deberían hacerlo cada tres o cuatro días.
En temporada de calor, el aumento de sudor obliga a lavarlas cada cuatro o cinco usos. También es recomendable hacerlo después de haber estado enfermo.
El uso de cremas o productos capilares puede acelerar la acumulación de residuos. Esto también influye en la frecuencia del lavado.
Para una limpieza adecuada, se aconseja usar agua fría o tibia. Esto ayuda a proteger las fibras de la tela.
No es necesario usar cloro ni suavizantes en exceso. Un detergente neutro suele ser suficiente.
Además, se recomienda tratar las manchas antes del lavado y agregar vinagre blanco para eliminar olores.
Lavar las sábanas por separado y evitar mezclarlas con prendas con cierres o velcro ayuda a conservarlas en buen estado.
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