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domingo, julio 19, 2026

Pensamiento crítico ante las “fake news”

Por Mirna Isabel Rivera

Las noticias falsas, bulos o “fake news” término muy utilizado a nivel mundial en el idioma inglés no es algo nuevo, desde hace siglos se han utilizado los rumores, las calumnias, la difamación para desprestigiar a una persona, una nación, un grupo étnico o una determinada forma de pensar o sentir. La Real Academia Española (RAE) define un bulo como una mentira, engaño, embuste, patraña, habladuría, rumor, chisme entre otros calificativos con connotaciones negativas, que en nada edifican la sana convivencia y solo traen más violencia y más “haters” (adversarios). Cuando vemos microvideos en plataformas como TikTok, si la persona no conoce de historia, de economía, salud, ciencias políticas, entre otras materias, que no se aprenden en las redes sociales, pronto estará siendo presa de una manipulación voraz. Acabarán odiando a las víctimas y defendiendo a los victimarios, sin saber por qué sus emociones se han vuelto tan negativas hacia ciertos grupos o personas. Existe una confusión en los conceptos de publicidad y propaganda, que vale la pena aclarar. La primera tiene un fin comercial, posicionar una marca, un servicio o un producto, con fines netamente comerciales para lograr más ventas. La segunda es la que tiene una agenda política, ideológica o social. En este caso, el uso de la propaganda sin ética es muy nocivo, especialmente cuando el receptor tiene brechas de aprendizaje y no van más allá de ver “hilos”, “comentarios” de otros usuarios de la misma red social, que manejan el mismo grado de ignorancia, están condenados a ser manipulados fácilmente. Las redes sociales no cuentan con señales que indiquen a los usuarios, que determinada información podría o puede ser falsa, tampoco hay letreros que adviertan tener precaución al momento de compartir un “clip”. Los más jóvenes que quizás tengan menos formación académica, suelen creer más en lo que dicen en las “redes”, pocos son adiestrados a través de la educación formal para que fortalezcan su pensamiento crítico. Si la información se consume sin ningún tipo de verificación, tendrán una realidad distorsionada. Antes criticábamos a los que creían en duendes, sirenas de mar o seres mitológicos, ahora si lo ponemos en el contexto del siglo XXI, estamos creyendo videos creados con inteligencia artificial, difíciles de distinguir de la fantasía y la realidad, a menos que el usuario tenga una formación que le permita cuestionar si es real o no. Se han creado algunas herramientas digitales (unas pagadas y otras gratuitas) que permiten verificar si una imagen es real o antigua o está siendo usada fuera de contexto, también hay tecnología para detectar bulos internacionales, pero la mejor herramienta es que se desarrolle un esquema mental de verificación. Algunas preguntas que nos debemos hacer: ¿Quién lo dice? ¿Qué intereses tienen en difundir la noticia? ¿Quién gana reputación? ¿Quién pierde credibilidad? ¿Qué otros medios lo publicaron? ¿Cuál es el origen y la fecha? Quizás sean muchas preguntas, quizás busquemos muchas respuestas, pero no podemos ser utilizados. Cuando como usuarios, -caemos o sea creemos un bulo-tenemos el derecho a rectificar y esclarecer nuestras propias ideas. Países como Finlandia y Taiwán, reconocidos por su alto nivel educativo han empezado con asignaturas formales dentro de su programa académico para enseñar a los estudiantes cómo identificar y combatir los bulos o noticias falsas. Esto incluye alfabetización digital, libertad de expresión, derecho a la información y principios básicos de periodismo. En estos tiempos de campaña política en Honduras y en tiempos de guerra internacional, no podemos ser indiferentes, pero si debemos estar atentos para no ser manipulados, que no nos arrastren para un lado o para el otro. Hay que activar el pensamiento crítico, nunca apagar el “modo pensar” y no dejar que otros sin ética, sin escrúpulos y solo por sus intereses mezquinos quieran ver arder un país o el planeta mismo.

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