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domingo, julio 19, 2026

Para desplazar las añejas gerontocracias

Mientras el mundo se encuentra en un acelerado proceso de transformación y obsolescencia, los líderes mundiales siguen tomando decisiones con las mismas fórmulas del pasado.

Por ello resulta ineludible echar la mirada hacia quienes, desde las atalayas del poder global, siguen moldeando nuestro destino con paradigmas caducos, atizando el fuego de la polarización, el miedo y la desesperanza de las nuevas generaciones.

Confiados en su poder y acaso con miedo frente al desconcierto global, personajes como George Soros, Daniel Ortega, Vladimir Putin, Xi Jingping, Warren Buffet y Ali Jamenei, siguen viendo el mundo con la rigidez de sus marcos valorativos, aplicando las mismas reglas que conocieron hace medio siglo.

Nada escapa hoy a la tirantez entre lo viejo y lo nuevo; ni lo militar, ni la política, ni los negocios, ni el arte ni la academia; ni siquiera el lenguaje.

¿Cómo adaptar las inquietudes y demandas de esas nuevas generaciones que han entrado en escena con una extraña lógica sobre el poder? Recordemos que los partidos políticos dejaron de representar los intereses de los jóvenes del siglo XXI; los sistemas de seguridad ya no los protegen y la educación superior, lejos de ofrecer un norte claro de orientación, se enreda en estructuras rígidas que no dialogan con la complejidad de este mundo caótico. Hay un aburrimiento generacional que los viejos desdeñamos.

Por ejemplo, las formas de comunicación tradicionales ya perdieron relevancia entre esa juventud que prefiere la inmediatez de plataformas como TikTok e Instagram a la lectura extensa, los inapetentes debates o las clases presenciales.

Todo ha cedido frente a formas visuales más sintéticas y perecederas. ¿Cómo hacemos para comunicarnos con ellos? Mientras los jóvenes exigen derechos y respeto por la vida, un anciano, como Putin, lleva el dolor y el luto a Ucrania, en una época donde, se supone, lo racional debería imponerse a lo absurdo.

¿Qué sentimientos estará sembrando el exagente de la KGB en esos jóvenes que tratan de irse de su país, por temor a ser enviados a la muerte? Si hay algo “bueno” de rescatar de esta tragedia, es que el joven Zelenzky está mostrando al mundo un nuevo concepto de defensa tecnológica y patriótica: drones y dignidad. Recordad líderes partidistas, empresariales y académicos de vieja estirpe: nos enfrentamos a un conflicto intergeneracional sumamente peligroso en los planos políticos, educativos y económicos. El “ancienne régime” sigue monopolizando los puestos de decisión, mientras millones de jóvenes se encuentran atrapados entre la hiperconectividad y la impotencia política.

Sin embargo, advertimos, como lava subterránea, este problema buscará sus vías de escape y arrasará con lo que se interponga a su paso. Musk, Milei y Zelensky representan ese hartazgo generacional que busca estremecer las añejas estructuras del mundo.

Mundo donde ya no hay espacios para sistemas verticales, autoritarios y centralistas, como ocurre en Honduras donde seguimos viendo los mismos rostros de la decadencia política; de una gerontocracia desfasada, borracha de poder que ya no responde a la lógica del país, sino a la senilidad desligada de la realidad cambiante.

Por eso y por muchas cosas más, hay que ayudar a los jóvenes a desplazar a quienes no logran comprender el pulso del presente y se empecinan con tratar el mundo con los mismos espejismos del pasado.

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