Por Enrique Zaldivar

Sorprende mucho cuanto puede variar el significado de “Fallar” para las personas. Conozco quienes, fallar no es permitido. Sobre todo, porque al hacerlo hay un estancamiento anímico, o un profundo temor de volver a quedar mal, con lo que sea que se está haciendo. Sin embargo, hay quienes fallar es simplemente un precio a pagar, para descubrir algo.
Me encanta la gente así, porque es gente que se atreve. La gente que piensa de esta manera casi me parece que tiene un pensamiento “Científico” pues para hacer algo registra los pasos que da y si se equivoca, tiene el justo aprendizaje de ello. Vuelve a intentarlo. Nuevas lecciones. A ajustar. Vuelve a intentarlo, hasta que lo logra.
En mi lugar de trabajo, admiro muchos cuyo pensamiento es así. Y eso se ha convertido casi como un entorno o una cultura. Cuando llega un “juguete” nuevo o un aparato tecnológico novedoso, prácticamente nadie sabe usarlo.
Pero sé que quien se comprometa a descifrarlo, a encontrarle lado, va a librar una batalla hasta encontrarle como es que se hace. Mientras, nosotros lo vemos intentar. Pensar. Calibrar y esperamos el momento que diga ¡Listo! Así es.
Algo así ocurre hoy día también con los algoritmos en redes sociales y anuncios digitales. Hoy día que la inteligencia artificial es usada, muchas veces nosotros consultamos cosas al Chat, y si la respuesta no nos pareció, pues volvemos a escribirle pidiendo ajustes hasta que encontremos lo que nos parece sensato.
¡No andamos regañando ni burlándonos de ello por no dar una respuesta oficial! ¿Qué tal si así fuéramos con las personas, o con nuestros proyectos? El aprendizaje, o los descubrimientos, siempre tendrán un precio a pagar.
Aun teniendo mentores, vamos a pagar el precio de equivocarnos. Lo que me resulta incomprensible hoy en día, es cuanta gente, se la juega a la segura. Sin intentar nada nuevo. Simplemente viviendo en su zona de comodidad que las circunstancias les han brindado y decidieron permanecer allí.
Hay una esclavitud mental al pensar así. Pues hemos puesto la comodidad como el gran premio. Cuando el gran premio es alcanzar nuestro potencial. Cuando usted lo desarrolle, se sentirá pleno. Completo. Satisfecho. No estoy diciendo relajado, descansado y super bien. Hay desvelo, cansancio, enojo, perseverancia, disciplina, pero lleno.
Hoy quiero enseñarle a fallar. Pero quiero llamarle a ello fallar con un propósito. Lo primero es asuma los riesgos de hacerlo, tenga en cuenta el tiempo, recurso y los ánimos de lo que pasaría si no lo logra a las primeras de cambio.
Eso cambiará un “Fallé” por “Lo estoy intentando” Lo otro, de pequeños pasos. Cuando nuestras expectativas son muy fantasiosas y buscamos acelerar todo en pos de un logro, lo único que va a pasar es que nos frustraremos en gran manera. Pequeños pasos. Diarios. Constantes.
Me encantó la frase de un libro que trata sobre el enfoque, de una frase que debemos decirnos a diario para darnos la sensación de avance y es preguntarse ¿Qué pequeño paso di hoy por mi meta? Como le mencioné al principio, el éxito y el fracaso en nosotros dependerá de los parámetros con que nos lo hayan enseñado.
En lo personal, me considero muy exitoso. Después de miles de fracasos. Y creo esta es la medida correcta. Recuerde “No estoy fallando, estoy creciendo” pero para ello, lleve el recuento de los pasos que va dando. Y vea como en varios días, no será usted la misma persona. Y le cuento algo: Una vez logre lo que se propuso, seguro irá por una meta nueva. ¡Porque eso nos da vida!



