Por Mirna Isabel Rivera

Estamos en época de navidad y año nuevo, estas celebraciones son muy importantes por varios motivos. Para los creyentes, es motivo para recordar el nacimiento de nuestro redentor, el Señor Jesucristo. Él dio su vida para perdonar nuestros pecados, porque nadie se salva por obras, aunque son importantes, pero somos salvos por su infinita gracia.
Desde la perspectiva económica es una temporada donde hay más ingresos para las personas que tienen un empleo formal, que es la minoría, pero que activan el comercio y la industria. Además, gran parte de los hondureños reciben remesas, principalmente de los Estados Unidos y España, donde han emigrado miles de hondureños por las pésimas condiciones que ofrece nuestro país en materia de seguridad y empleo.
Generalmente estas fechas están acompañadas por muchas comidas tradicionales como tamales o nacatamales, torrejas, chilate, pollo, cerdo, pavo horneado, rompopo y otras deliciosas tradiciones culinarias según cada región.
Lo que ha pasado en Honduras, es algo lamentable para esta época navideña, la ambición, la avaricia, la corrupción, el tomar al pueblo hondureño por tontos, es un insulto grande a la dignidad de las personas y a la frágil democracia que tenemos.
Desde el 30 de noviembre, 2025, alrededor de tres millones de hondureños cumplieron su deber cívico y ejercieron el sufragio, para elegir a las próximas autoridades, pero hasta el momento a nivel presidencial no se tienen resultados concretos de quién ganó.
En la historia reciente, los hondureños ya hemos sido testigos de elecciones sin transparencia, como ocurrió en el 2017, el presidente que quedó ganó súbitamente con votos rurales. Ahora estamos ante otro escrutinio dudoso a nivel presidencial.
A ningún hondureño sorprendió el apoyo abierto del presidente de Estados Unidos al presidenciable Asfura, ya este tipo de intromisión es “normal”, somos la “Banana Republic” y la clase política y militar históricamente se han prestado al juego.
Si vemos lo que ocurrió con el actual gobierno, si bien no se alinearon totalmente con los intereses norteamericanos lo hicieron con Venezuela y Cuba. Estamos lejos de ser un Estado libre e independiente.
En esta historia contemporánea, hay un componente nunca antes visto, el país se convirtió en un paso de la droga, por su ubicación geográfica, es un punto logístico clave para el negocio de estas sustancias. Los partidos políticos en su mayoría más parecen “empresas familiares” al estilo “cosa nostra”.
Este es el contexto en el que vivimos los hondureños. En medio de todo esto existen neocolonizadores que buscan comprar pedazos de territorio, para hacer sus “emprendimientos” que no son permitidos en sus propios países, porque no cumplen los altos estándares de ética que sus países exigen.
En lugares como Roatán funcionan las tristes celebres Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDE), estas operan bajo un marco fiscal, legal y regulatorio distinto que le otorga autonomía respecto al gobierno nacional.
El gobierno actual se opuso y canceló contratos e intentó cambiar las reglas del juego. Honduras enfrenta 16 demandas internacionales por al menos USD19,400 millones, debido a cancelaciones de contratos y cambios en las reglas de inversión que afectaron a empresas protegidas por tratados internacionales.
Al haber aceptado mecanismos de arbitraje como el CIADI, el Estado quedó expuesto a reclamaciones por expropiación indirecta y lucro cesante. Podría ser que el presidenciable que más favorecería los intereses de las ZEDES sería el del Partido Nacional, ya que ellos las crearon.
Esto no implica que los inversores extranjeros tengan el poder de quitar o poner gobiernos, como históricamente ha ocurrido en nuestro país, eso definitivamente yo no lo puedo asegurar, será la historia que se escribe día a día que no revelará lo que realmente ha ocurrido. Hay que reconocer la voluntad popular se hizo sentir, ya no querían que LIBRE continuara en el poder.
En la costa norte, Salvador Nasralla ha sido siempre el favorito, el ungido del pueblo, él levantó al Partido Liberal de las cenizas y está a punto de perder la presidencia otra vez, en un proceso electoral lleno de dudas.
Como exponía anteriormente, la realidad de los hondureños que no vivimos de la política, del crimen organizado, de las ZEDES, es sumamente compleja, porque sí experimentamos en el día a día todas las consecuencias de la corrupción y la débil institucionalidad.
Emigrar es cada día más complicado, permanecer de manera irregular en Estados Unidos es una pesadilla para las personas que mandan las remesas, que son las que en realidad sostienen la economía nacional.
No pretendo desacreditar las elecciones generales, porque es obvio lo que acontece. La incertidumbre política, la injerencia externa, el narcotráfico y los enclaves especiales no son hechos aislados, sino síntomas de una institucionalidad debilitada.
Mientras no se recupere la credibilidad democrática y la autoridad del Estado para gobernar seguiremos siendo eternamente una “Banana Republic”. Llegó la Navidad, en medio de la incertidumbre, pero aun así, sigamos con nuestras tradiciones, con la ilusión, la fe, la esperanza y no perdamos el sentido de humor tan necesario en tiempos difíciles.
Al mal tiempo buena cara. Mis mejores deseos para los hondureños y hondureñas de bien, que son la gran mayoría. ¡Feliz Navidad!



