“ LA empinada montañosa presta su arquitectura rocosa para que el bosque levante su templo”. –“El daño –resume Winston la conversación de ayer– trasciende a las víctimas individuales, los nombres mancillados, las honras injustamente ultrajadas, familias sometidas a la vergüenza pública y reputaciones construidas durante décadas que pueden quedar destruidas por una falsedad difundida en minutos”. Pero la irreparable lesión colectiva es mayor. “La erosión de la conciencia moral de una sociedad que pierde la capacidad de distinguir entre la información y el entretenimiento, entre la crítica legítima y la injuria, entre la verdad comprobada y la mentira seductora”. Cuando el ultraje deja de provocar indignación y comienza a provocar diversión, no solamente se degrada la comunicación pública, se degrada también la sensibilidad humana”. “Una sociedad habituada a disfrutar del escarnio termina perdiendo el respeto por la dignidad de sus semejantes. Se acostumbra a condenar sin escuchar, a sospechar sin comprobar y a destruir sin experimentar remordimiento”. “La repetición de esas conductas debilita los vínculos de confianza, la presunción de buena fe y los escrúpulos que hacen posible la convivencia civilizada”.
–“La fibra moral de una nación no se deteriora únicamente por las inaceptables transgresiones del poder o de sus instituciones; también se deshilacha silenciosamente en las pequeñas crueldades cotidianas que sus ciudadanos aprenden a tolerar, celebrar y reproducir”. “La prensa respetable no puede resignarse a ser un espejo complaciente de esa decadencia. Su misión no consiste en transmitir aquello que el público desea escuchar, sino también aquello que necesita saber, aunque resulte incómodo, menos atractivo o contrario a sus prejuicios”. “Informar no es halagar las pasiones numerosas; es contribuir a formar criterio”. “La tarea sublime de la prensa es orientar; facilitar juicios responsables y para que cada ciudadano pueda pensar por sí mismo”. Peligroso cuando “la demanda de frivolidad y la oferta de sensacionalismo se alimentan mutuamente, hasta formar un círculo vicioso: el público consume lo más escandaloso, los medios producen más de aquello que atrae su atención y, con cada repetición, se reduce el espacio destinado a la verdad, la cultura, la educación y la reflexión”. “Lo que inicia como una competencia por audiencias termina convirtiéndose en una verdadera degradación de la conversación pública”. Y la paradoja que retrata los tiempos de hoy: “Las mismas multitudes que se lamentan de vivir en una sociedad donde nada funciona son, al mismo tiempo, las que socavan la credibilidad de cuanto intenta funcionar”. “La queja se convierte en gesto cotidiano, y la sospecha, un reflejo automático que no distingue entre lo que falla y lo que aún resiste”. El otro círculo vicioso: “se desacredita porque se desconfía, y se desconfía porque todo se desacredita”.
–“Y una sociedad que ha convertido la sospecha en entretenimiento, el descrédito en costumbre y la demolición en virtud termina por quedarse sin referentes, sin confianza y sin esperanza de mañana”. El triunfo silencioso de la erosión: si ya en nada se cree, no se cree tampoco en la posibilidad de mejorar. “La grandeza de la prensa no consiste en descender hasta donde se encuentran los apetitos más frívolos de su audiencia, sino en conservar la altura moral e intelectual necesaria para ayudar a elevarla”. Cuando el público devalúa la verdad y la responsabilidad deja de importar a quienes informan, se pierde la credibilidad del periodismo que, como contrapeso del poder, es lo esencial de la conciencia nacional. –Winston y el Sisimite apreciaron aún más, las lecciones que da el bosque. Bajo ese oleaje de murmullos, los árboles macizos permanecen como troncos de paciencia mineral; raíces que sujetan la tierra como dedos colosales; corteza que guarda el silencio de lo cierto. Mientras lo falso revolotea y se deshace, la verdad echa raíces, crece despacio y sostiene el paraje entero con la gravedad invencible de su madera.


