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sábado, julio 18, 2026

La crisis electoral expone a Honduras al abismo democrático

Por Paz Gómez

El 30 de julio de 2025, el Ministerio Público (MP) de Honduras agravó la fragilidad institucional y la polarización política al acusar al Consejo Nacional Electoral (CNE) de conspiración y ordenar a la Agencia Técnica de Investigación Criminal su inmediata investigación.

En paralelo, líderes de oposición han denunciado persecución política por parte del Ministerio Público con una serie de citaciones dirigidas a integrantes de sus cuadros. La interferencia del Ministerio Público, además de debilitar la credibilidad del proceso electoral y del poder judicial, ha reflejado la deriva del país hacia un autoritarismo competitivo.

Este modelo, cada vez más común en América Latina y el mundo, utiliza las elecciones como fachada para legitimar regímenes basados en la censura que buscan desfigurar permanentemente la democracia y las instituciones estatales.

Los politólogos Steven Levitsky y Lucan Way, en Autoritarismo Competitivo: Regímenes Híbridos Después de la Guerra Fría (2002), advirtieron que los regímenes pueden realizar elecciones y mantener instituciones democráticas formales, mientras manipulan el sistema en favor de los oficialismos.

En una actualización de 2020, observaron que este modelo no solo sigue vigente, sino que ha evolucionado. Honduras, señalan, es uno de los países donde este modelo híbrido persiste a pesar de sus históricos vínculos con democracias occidentales, particularmente con Estados Unidos.

El concepto de Levitsky y Way se basa en dos factores: vinculación—el grado de integración con Occidente—y apalancamiento—la dependencia de ayuda o diplomacia occidental. Ambos solían funcionar como frenos al autoritarismo.

Sin embargo, los autores reconocen que “la persistencia del autoritarismo en países con alta vinculación como Honduras, Hungría y Nicaragua muestra cuán debilitada está la presión democratizadora occidental en comparación con los años 90”.

Este cambio resulta especialmente alarmante si se considera el contexto regional. Marta Lagos, directora de la encuesta Latinobarómetro, explica que la ideología prácticamente ha desaparecido de las elecciones en América Latina.

Según Lagos, los votantes se ven obligados a centrarse en preocupaciones inmediatas en lugar de sistemas a largo plazo. En el caso de Honduras, el Latinobarómetro 2024 encontró que la satisfacción con la democracia cayó al 18%, dos puntos menos que el año anterior. Levitsky y Wa

y subrayan que las elecciones aún importan: “Los ciudadanos no necesariamente aman la democracia, pero valoran poder expulsar a los malos gobiernos. Por eso la gente en todo el mundo sigue saliendo a las calles para exigir o defender elecciones competitivas.” Honduras todavía está a tiempo en un régimen autoritario competitivo, la manipulación puede tomar muchas formas: intervenciones institucionales, propaganda, compra de votos o fraude abierto.

Sin embargo, estas tácticas no son inmunes al rechazo masivo del intento de perpetuarse en el poder. Las acciones del oficialismo, como el uso indebido del Ministerio Público, sugieren una clara intención de prolongar su permanencia en el poder más allá de su mandato.

Esto podría blindarla frente a procesos judiciales y darle continuidad a una agenda socialista regional más amplia. Castro ha mostrado abiertamente su afinidad con el Foro de São Paulo y la CELAC, plataformas alineadas con modelos de gobernanza antiliberales.

Levitsky y Way sostienen que mantener la apariencia de democracia es clave para los autoritarios que aún enfrentan cierta resistencia de lo que llaman “anticuerpos democráticos fuertes”.

Los autores defienden la existencia de instituciones judiciales independientes, un sector privado dinámico, sociedad civil activa y partidos de oposición organizados. Estos “anticuerpos” pueden frenar o dificultar la captura total del poder.

Pero además de instituciones débiles, el sector privado hondureño también atraviesa dificultades.

En 2024, Honduras recibió $993 millones en inversión extranjera, el nivel más bajo de los últimos tres años, y más de 37.000 micro y pequeñas empresas cerraron. Si el gobierno de Castro—y posiblemente su sucesora— logra debilitar aún más estos pilares, Honduras corre el riesgo de convertirse en la próxima Venezuela, Nicaragua o Cuba: una nación donde la restauración democrática sea casi impensable. Solo un abrumador rechazo en las elecciones generales puede detener esta cruzada por tomar el control total del país.

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