Por Rodrigo Amador

Usted, que tiene un microempresa o un emprendimiento empezando, conoce bien la diferencia entre prometer y entregar, ya entiende el valor de la consistencia. Cree en mantener un equipo, tener una estrategia clara y no cambiar de rumbo cada seis meses porque cuando un proveedor le dice que “mañana va estar”, y al final los materiales llegan dos semanas después, la factura no perdona.
Por eso le propongo que mire con lupa la figura de Nasry “Tito” Asfura. No porque yo lo señale para votar por otros, sino porque lo que está en juego va más allá de un nombre en la boleta: es la estabilidad de su empresa, de su comunidad, de su día a día.
Asfura fue alcalde de Tegucigalpa entre 2014 y 2022, luego candidato presidencial en 2021 y ahora aspira nuevamente al poder. Una hoja de vida extensa. Pero el tamaño del currículum no siempre dice la calidad de lo que se hizo.
El emprendedor sabe que tener muchas líneas en un currículo no equivale a cumplir objetivos, no siempre equivale a solvencia Primero, su negocio personal: es empresario de la construcción, sector que dependía por años de contratos públicos.
Esa mezcla de empresario y político no es necesariamente mala, pero sí exige transparencia radical y separación clara de intereses. En su caso, se lo ha señalado. Fue mencionado en documentos internacionales como vinculaciones offshore y ahí surgen lagunas: durante su administración se impulsaron obras viales, sí, pero también surgieron denuncias de tala de árboles en la capital y cuestionamientos de transparencia.
Y es imposible ignorarlo: la capital pagó parte de su “progreso” con sombra perdida. Cientos de árboles desaparecieron bajo el argumento de abrir pasos, agilizar tráfico o “modernizar”. Para muchos ciudadanos, el cemento llegó más rápido que las explicaciones.
Y usted, que administra un pequeño negocio, sabe que cuando alguien sacrifica algo valioso sin justificación —sea un árbol, un cliente o un principio— lo que queda no es desarrollo, es una ciudad más caliente, más árida y más desconfiada.
Ese tipo de decisiones dicen mucho de un líder: si no respeta lo que da vida a una ciudad, ¿qué tanto respetará lo que da vida a un país? Cuando usted invierte en infraestructura para su negocio, no basta con un proyecto grandioso; lo importante es que el proceso sea claro, que el proveedor rinda cuentas, que la obra no se detenga.
El estilo de Asfura presenta elementos que preocupan al emprendedor: allegados que ganan contratos del Estado, empresas vinculadas, acusaciones de fondos públicos sin rendición de cuentas. Luego está la propuesta electoral: Asfura habla de inversión extranjera, de generación de empleo, de orden y crecimiento.
Son objetivos que usted también persigue en su negocio. Pero él, ¿ha presentado presupuestos, cronogramas, equipo técnico o indicadores de éxito? Un emprendedor serio no lanza promesas sin plan; cuando lo hace, sabe que el riesgo es alto. Y si el político se maneja igual que un vendedor de feria, el daño puede alcanzarlo también.
Algunos defensores dirán que Asfura representa continuidad necesaria, una apuesta segura frente a la incertidumbre. Esa también es una lectura válida. Pero tenga en cuenta esto: continuidad sin limpieza ni cambio es más de lo mismo. Y como microempresario, sabe que mantener el status quo con errores estructurales nunca ha sido una estrategia de crecimiento.
Esta columna no busca que vote por otro candidato. Ni pretende condenar a Nasry Asfura sin derecho a defensa. Lo que hago es lo que todo emprendedor debería hacer antes de firmar un contrato, antes de invertir recursos o asumir compromisos: revisar, cuestionar y exigir evidencia.
Porque en su negocio los resultados mandan, no las luces del escenario. La responsabilidad de votar va más allá de elegir rostro. Usted está eligiendo las reglas bajo las cuales operará su negocio en los próximos años.
Pida claridad, exija credibilidad, valore coherencia. Al final, la democracia funciona porque usted pregunta, exige y evalúa. Y si un aspirante no le da esas garantías, está en su derecho de no creerle.
Usted lo ve todos los días: una estrategia sin método se convierte en promesa incumplida. Mire con claridad. Compare con rigor. Y vote con la lógica que usa cuando cuida su negocio.



