A cada generación nos corresponde vivir contextos diferentes, en mi caso significó haber nacido en un país gobernado por regímenes militares desde 1962 hasta 1982 donde finalmente ocurre la transición a la democracia.
Los golpes de Estado forman parte de la historia de Honduras, los casos de corrupción como el “Bananagate” un escándalo de soborno que involucró a la empresa bananera United Fruit Company, a través de altos ejecutivos, uno de ellos se suicidó lanzándose de un edificio en los Estados Unidos, mientras el entonces presidente (no electo democráticamente) el militar Oswaldo López Arellano fue derrocado por sus propios compañeros de arma.
Los actos de corrupción con trascendencia internacional no son nuevos, pareciera que uno de los requisitos para llegar a un cargo público es no ser honesto, es estar dispuesto a hacerse ricos “bajo-bajo”, sin importar las consecuencias.
Es como que el lema fuera “el que no esté dispuesto a robar, mejor que no nazca.” Duras palabras, pero si vemos los datos históricos recientes, vemos que no está distante de la realidad nacional. Una persona que quiere gestionar bien las empresas del Estado, encontrará más detractores que cualquiera otra persona que está haciendo mal su trabajo.
En el sector educativo público, todavía hay plazas que las heredan los hijos o hijas de los empleados más antiguos, como si fueran sus feudos, no importa si son ideologías de derechas o izquierdas, la conducta es similar, solo cambia la manera de operar, unos con colectivos y otros con “manchas bravas”.
Hay un remanente de hondureños y hondureñas que llegan a ocupar cargos públicos con mérito propio, a veces se abren concursos públicos y más de alguno logrará llegar, con todos los requisitos, pero aun así no son suficientes si no presentan una carta de recomendación política y sirven a un grupo determinado.
Esto hace más difícil que las personas honestas que no forman parte de un “familión” o de una “élite” lo logre en el sistema público, hay que saber “moverse”.
Las nuevas generaciones están desconectadas de nuestro pasado reciente, sus padres no tienen tiempo de conversar muchas veces sobre temas políticos y económicos de manera objetiva, algunos creen que es inapropiado (para no contaminarlos), pero eso no cambia la realidad histórica, que fue hasta 1982, cuando se reestableció la democracia, luego de más de cuatro décadas de gobiernos de facto.
En los años 80´s surgen los primeros movimientos sociales, con un toque feminista, los estudiantes se organizan, el movimiento obrero toma fuerza.
Al mismo tiempo que el país se convirtió en una pieza clave del ajedrez de la Guerra Fría en Centroamérica. La década de 1990, marcada por la imposición de un modelo neoliberal sin planificación y ausencia de probidad administrativa, incrementó la brecha de desigualdad, expulsó a miles de hondureños hacia los Estados Unidos en busca del sueño americano, porque el hondureño había fracasado, para rematar esta década el huracán Mitch vino a mostrar la fragilidad ambiental y la débil infraestructura, a pesar de todas las ayudas humanitarias recibidas, más gente abandonó el país, la catástrofe también puso en evidencia la gran desorganización del país.
Aunque los hondureños en su mayoría aspiramos a vivir en democracia, la década del año 2000 inició con la alternabilidad en el poder, a través de elecciones libres, pero fue hasta el año 2009 cuando hubo un quiebre de la democracia, el entonces presidente fue derrocado por un golpe cívico-militar, hecho condenado por la mayoría de los hondureños y a nivel internacional.
Posteriormente mediante elecciones fueron electos dos presidentes más, uno de ellos se reeligió de una manera cuestionable, ahora guarda prisión con cargo de narcotráfico en una cárcel de Nueva York.
En esta década de 2020, por primera vez en la historia del país, una mujer asumió la presidencia de manera democrática. El noble pueblo hondureño depositó sus esperanzas de cambio en Xiomara Castro, esposa del expresidente Manuel Zelaya, derrocado en 2009.
Doña Xiomara ha marcado un hito al convertirse en la primera mujer en ocupar la más alta magistratura de la nación. Sin embargo, su gobierno no ha estado exento de cuestionamientos por presuntos actos de corrupción, un mal que tristemente parece haberse normalizado en la idiosincrasia política nacional.
Las elecciones generales se aproximan, ¿qué se puede esperar? El futuro está por definirse, esta historia continuará…



