Por Héctor A. Martínez

Es común escuchar a muchos hondureños decir que solo si trabajamos más de la cuenta podríamos salir del subdesarrollo. Pero hay que tener cuidado con esta frase hecha, convertida en un estereotipo que todo mundo emite sin pensarla profundamente. La gente suele imaginar que mientras más horas apliquemos a cierta actividad económica, más ganará una empresa o que la economía nacional se irá hacia arriba. Permítame aclarar.
Primero, ningún exceso del “stock” en una fábrica garantizará mayores ventas, ni un productor de leche, aumentando las horas de trabajo, podrá colocar sus productos en el mercado. Sin embargo, el escenario cambia si la demanda agregada de un bien o un servicio requiere de una producción intensiva. Pero eso dependerá del comportamiento de los clientes.
En realidad, esa frase hecha que el hondureño promedio y los políticos demagogos suelen repetir guarda un trasfondo inocente, pero discriminatorio en cierta manera. Quienes corean los axiomas del trabajo duro suelen imaginar al obrero y al campesino en un sobreesfuerzo físico que va más allá de sus posibilidades, sin pensar que la verdadera contribución al PIB no radica en las horas trabajadas, sino en la innovación y la creatividad.
Frases como “sudar la camiseta” o “dar la milla extra” tienen sentido solo cuando existe una meta semanal por cumplir o un producto debe colocarse en el mercado en un tiempo establecido. De modo que no es la intensificación de la mano de obra ni el acrecentamiento del “stock” en las bodegas lo que nos sacará de la pobreza, sino la alta competitividad en los mercados locales y globales. Competir en precio, calidad y tiempos de entrega.
Pero eso implicaría una revolución económica de enorme trascendencia. ¿Cuántas empresas en Honduras disponen de un departamento de Investigación y Desarrollo o I+D, como punta de lanza de sus productos? ¿En qué medida el servicio al cliente es una combinación de actitud, tecnología y procesos rediseñados? Es decir, 8 horas diarias y 40 semanales de trabajo sin valor agregado no garantizan un aumento en el PIB.
Hoy día, el motor principal de la economía global se ubica precisamente en la IA, las finanzas digitales, el comercio electrónico y la logística. Por eso es menester preguntarnos: ¿Estamos preparados para enfrentar a ese monstruo de mil cabezas a puro esfuerzo físico y haciendo lo que siempre hemos hecho?
Frases como “Trabajemos duro” o “¡Ahora sí, a trabajar más!” solo guardarán sentido cuando las empresas crean valor agregado, un rubro atrae la inversión masiva y cuando la economía crece en un 5 a 6 % sostenido. Eso sería trabajar.



