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Honduras
sábado, julio 18, 2026

El costo oculto de un clima agradable

Por Mirna Isabel Rivera

Los sampedranos hemos disfrutado de un agradable clima, temperaturas bajas para los estándares de la ciudad que oscilan entre 27°C y 40°C. Es una bonita temporada para sentirnos abrigados, tomar bebidas calientes, ver una buena película en casa, sin necesidad de tener encendido el aire acondicionado o el ventilador. Conversaba con un colega que tiene una empresa familiar dedicada a la comercialización de frutas y verduras. Me presentaba la otra cara de la moneda, me explicaba que estos productos son altamente sensibles al cambio de temperatura. Por ejemplo, cuando desciende la temperatura el aguacate tarda más en madurar, al igual que los bananos.

En el campo de cultivo, frutas como el mango se ven alteradas por la floración, provocando un desequilibrio. Por otra parte, las altas temperaturas también perjudican cultivos como el tomate y el chile. Hay mayor incidencia de plagas y enfermedades asociadas a este fenómeno.

Para los productores del campo, así como para los comercializadores, esto representa pérdidas económicas, teniendo un impacto directo en toda la cadena de valor. Estas alteraciones en el clima pueden provocar escasez o sobreoferta temporal, causando un efecto negativo en los precios. La rentabilidad del negocio de comercialización afecta la liquidez de empresas familiares y los consumidores finales también se ven afectados.

Cuando en zonas altas como La Esperanza, Intibucá, se reportan descensos de temperaturas hasta los 6 °C, solemos asociarlo con un clima agradable, en relación con las altas temperaturas de las zonas costeras que llegan hasta 40°C. En términos agrícolas, estas condiciones generan estrés en los cultivos de papa. Los expertos agrícolas señalan que las bajas temperaturas reducen la actividad fotosintética, limitan la absorción de agua y nutrientes, incrementan las enfermedades.

Todo esto se traslada al consumidor final, cuando vamos a comprar a la central de abastos, al mercado o al supermercado vemos el incremento en los precios y la escasez de producto de calidad. Honduras depende mucho de las divisas que genera el café y estos cultivos también son sensibles a los cambios de temperatura. Su efecto se refleja a nivel macroeconómico, las consecuencias son negativas.

Aunque nuestro país no es un gran emisor de gases efecto invernadero, sí es uno de los más vulnerables del planeta. En el corto y mediano plazo no se puede revertir los efectos del cambio climático, por lo que lo más viable es la adaptación. Los expertos señalan que los cultivos y la forma de producción deben adaptarse a las nuevas temperaturas.

Hay que invertir en rediseñar las ciudades para soportar el calor y las lluvias extremas, a esto le llaman resiliencia climática. Además de la flora, la fauna también está expuesta y por supuesto los seres humanos, hay nuevas enfermedades que afectan a la población.

Más allá de negar o aceptar el cambio climático, los hechos nos indican que nuestro entorno se transforma, que hay más huracanes y áreas desérticas en el planeta. El agua es un recurso vital y se agota, los afluentes de agua dulce son cada vez menos. No es ser pesimista, pero sí es necesario estar preparados, tener en cuenta que los cambios abruptos de temperatura afectan nuestra seguridad alimentaria y los negocios que se dedican este rubro, es una cadena.

Países que se acercan más a nuestra realidad como Perú, han invertido en cultivos ancestrales resilientes como la quinoa y la papa, que forman parte de su seguridad alimentaria. Debemos abordar más estos temas en las agendas gubernamentales, no es un tema ideológico, es una realidad con la que debemos aprender a vivir. No hacer nada o negar el problema es la peor respuesta y adaptarse al cambio climático es una decisión sabia y oportuna.

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