Por Mirna Isabel Rivera

Solemos generalizar y creer que toda la humanidad quiere vivir en democracia y libertad, pero esto no es del todo cierto. Muchas personas añoran las dictaduras, idolatran a estos seres que castigaron al pueblo, casi los convierten en sus héroes.
Otros están interesados en disfrazar la democracia, con elecciones cada cuatro años, reeligiéndose una y otra vez de manera fraudulenta o colocando sus marionetas, cambiando la constitución a su antojo.
Hay quienes respaldan las teocracias, aunque estas marginen a las mujeres y las deshumanicen. Si es mujer viviendo bajo una teocracia, las libertades inmediatamente se ven restringidas, tener una orientación sexual diferente no es una opción.
Que decir la libertad de culto, solo puede existir una religión y una sola forma de pensar. El arte y la educación con pensamiento crítico desaparece. Las minorías no tiene voz, ni voto.
En los países autoritarios, aunque algunos de ellos son prósperos, pero la mayoría no, la libertad de expresión, prensa, asociación y participación política se ve disminuida. No hay contrapesos, no hay rendición de cuentas a la población, los que ostentan el poder son los únicos que tienen importancia.
Criticar a un gobierno es castigado, le llaman traición a la patria. La censura y autocensura es el denominador común. Entonces, surge las preguntas: ¿a quién conviene los sistemas rígidos que no garanticen las libertades? ¿Vivimos en Honduras en un sistema autoritario o democrático?
Veamos Honduras, la respuesta amerita mayor estudio, pero a grandes rasgos podríamos decir que el actual sistema beneficia a las élites político-económicas que controlan el país.
Generalmente, no se ven perjudicados si gana la derecha, la izquierda o el centro, ellos manejan los hilos del poder a favor de sus propios intereses. Dentro de este esquema los políticos se lucran, se vuelven millonarios sin generar empleos, ni trabajar por el bien común.
Por su parte, los que ostentan el poder económico, logran ser más ricos, aunque con la diferencia que brindan empleos y de alguna manera hay un derrame de riqueza. Algunos informes respaldan este argumento:
El Informe de Desarrollo Humano del PNUD (2023) indica que el Estado se subordina a redes políticos empresariales. Según otros estudios como el del FOSDEH (2022) menos del 10% de las empresas controlan las importaciones, licitaciones, contratos públicos, lo que indica que hay oligopolios.
En relación a la movilidad social, la desigualdad es una de las mayores de Latinoamérica, el Gini es 0.50, según el Banco Mundial. ¿Podríamos indicar que Honduras tiene un sistema híbrido o una “democracia capturada”? Obviamente no estamos bajo una teocracia, tampoco bajo un sistema dictatorial o una monarquía, pero los hondureños sabemos que tampoco vivimos en una democracia, ¿cómo podemos clasificar este enredo?
La buena noticia para los que aspiramos a vivir en democracia, en teoría Honduras es una república democrática porque cuenta con división de poderes, elecciones y reconocimiento de libertades. La mala noticia es que no vivimos en un Estado de derecho, las instituciones que deben ser garantes de la ley, están cooptadas por redes que mezclan lo político y lo económico, para satisfacer sus mezquinos intereses.
El control se ejerce sutilmente a veces, otras descaradamente, a través del clientelismo político, la impunidad y concentración de la riqueza. Sin importar el gobierno que llegue no hay una transformación estructural en el sistema de salud, educación, mucho menos creación de empleos, con este relajo permanente y organizado, pocas empresas internacionales serias y respetables están interesadas en traer sus inversiones a un país inestable, mientras hay países vecinos más atractivos, con mayor transparencia y vocación democrática.
De este desorden los únicos que se benefician de tener una democracia capturada son los que se enriquecen a costa de un Estado débil y una ciudadanía vulnerada en sus derechos. Vienen las elecciones y los ciudadanos son persuadidos para cumplir con su deber cívico de ejercer el sufragio.
¿No se da cuenta la clase política-empresarial-militar-religiosa que le han fallado al pueblo de Honduras? Estas elecciones debe ser un llamado para no solo acudir a las urnas sino para reflexionar, para aceptar “la mea culpa” (aceptar sus errores y rectificar) el fracaso que somos como país, aunque unos pocos tengan millones de dólares (mal habidos en muchos casos) en el banco y no tengan piedad, es innegable que la gran mayoría de la población vive en la miseria y estos gobiernos solo beneficien a unos pocos.
Es curioso que cuando emigran los que respaldan gobiernos autoritarios o corruptos, eligen como destino democracias solidas como la de Estados Unidos, Canadá o países en Europa, buscando libertades, derechos y estabilidad política y por supuesto prosperidad económica. Una total incongruencia, entre el discurso y la práctica, saben que la democracia y la libertad son, aunque imperfectas garantes de calidad de vida y la dignidad humana.



