El estilete era una herramienta que se usaba para escribir sobre la arcilla, una técnica exclusiva de un grupo privilegiado de esa época. Con la invención de la imprenta siglos más tarde, esta permitió fijar la tinta en el papel acercando a un mayor número de personas al conocimiento, reservado por mucho tiempo para unos pocos.
Actualmente, estamos ante un momento histórico, donde la era digital nos permite tener acceso a la información, transformando la manera en que nos comunicamos.
Los medios de prensa tradicionales han tenido que reinventarse para coexistir con las nuevas plataformas tecnológicas.
Antes del Internet el periodismo usaba una comunicación unidireccional, las grandes corporaciones a nivel global y nacional mantenía el poder de informar o desinformar a la sociedad.
De alguna manera las plataformas digitales han logrado irrumpir la hegemonía que mantenían las grandes cadenas.
Aunque en la actualidad cualquier persona puede informar lo que sucede en su comunidad o comentar sobre cualquier tema, no podemos asegurar que la democratización de la información es un hecho.
Aunque han surgido medios digitales alternativos, blogs (una especie de bitácora en línea), podscat (archivos de audio digital), muchos son manejados por creadores de contenidos digital, algunos tienen una formación en comunicaciones, otro no, pero independientemente pueden contar con miles de seguidores o con muy pocos.
Hay una gran oportunidad para las nuevas generaciones de periodistas, a muchos jovenes ya no les interesa trabajar en una gran corporación, desean tener su propio medio de difusión, aunque hay que definir que tener un programa de noticias o entretenimiento por estas plataformas no nos hace dueños de un medio, algunos teóricos lo llaman prosumer (producto más consumidor) el individuo se convierte en el medio.
Los periodistas profesionales, los que tienen formación universitaria han migrado al ecosistema digital, muchos de ellos son nativos digitales. Tener un programa en una plataforma como Facebook, TikTok o YouTube no nos garantiza mayor visibilidad de los contenidos que difundimos.
El papel de los algoritmos, como mediadores matemáticos invisibles son los que funcionan como el editor, el que decide qué se destaca más.
El riesgo de la manipulación y la desinformación sigue latente. Puede haber material periodístico presentado de manera muy profesional, objetiva y veraz, pero puede quedar en el vacío digital sino se sabe presentar siguiendo el “juego” de los algoritmos, que muestran lo que quizás les interese más a los usuarios, siguiendo ciertas técnicas para alcanzarlos, creando historias que distorsionan la realidad, simplificando los contenidos, lo que no permite la profundización de las noticias, haciéndolas banales, aunque sean de gran importancia.
La alfabetización mediática digital todavía no es una asignatura en la mayoría de sistemas educativos, pero si queremos fomentar el pensamiento crítico necesitamos que los usuarios comprendan desde su formación académica cómo funcionan los medios digitales, que puedan distinguir las “fake news” (noticias falsas) de las que más se acercan a la verdad.
Aunque las herramientas se han transformado desde el estilete hasta la era de la inteligencia artificial, no debemos perder de perspectiva que estamos ante algo diferente.
Nunca una herramienta tecnológica había tenido la capacidad de ayudarnos a organizar ideas, generar borradores y tener conversaciones sobre casi cualquier tema como la inteligencia artificial (IA).
Aunque pensar y crear sigue siendo un acto reservado al homo sapiens, la IA se está integrando en cada aspecto de nuestras vidas.
“La inteligencia artificial es distinta de cualquier otra tecnología que se haya inventado antes.” Sostiene Yuval Noah Harari, uno de los principales historiadores de este siglo.
En la siguiente columna conversaremos sobre este fascinante tema.



