En las dos columnas anteriores hicimos un recorrido para refrescar la historia de la escritura. Simbólicamente desde el estilete conocimos como el conocimiento era privilegio de unos pocos. Luego recordamos como la imprenta contribuyó en la democratización del acceso a la educación y finalmente llegamos a nuestra era, la digital, donde la información es más accesible en un mundo globalizado.
La “aldea global” que planteó Marshall McLuhan en los años 60 (en el siglo pasado) es una realidad. Vivimos en un planeta interconectado, las noticias se pueden saber al instante que ocurren en cualquier parte del mundo. La transformación del periodismo tradicional ha sufrido impactantes cambios.
Las grandes corporaciones mediáticas ya no juegan ese papel hegemónico, ahora los creadores de contenidos (prosumer) son claves y que decir de los algoritmos que dictan las tendencias. Ante esto planteamos la necesidad de estimular el pensamiento crítico y la alfabetización mediática digital, podría ser hasta una asignatura en el sistema educativo formal.
Invertir en el desarrollo de la inteligencia artificial más que en el desarrollo de las capacidades y habilidades de las personas es un gran error señala Yuval Noah Harari, uno de los principales historiadores de este siglo.
Me gustaría citar de manera textual una idea provocativa que él presenta en su libro 21 lecciones para el siglo XXI: “El peligro es que, si invertimos demasiado en desarrollar la IA y demasiado poco en desarrollar la conciencia humana, la inteligencia artificial muy sofisticada de los ordenadores, solo servirá para fortalecer la estupidez natural de los humanos.”
(p.23) Invertir en el desarrollo humano para los filósofos como Harari, es un tema de reflexión y una necesidad imperiosa para no ser desplazados por la IA, o lo que es peor que esta llegue a manipular nuestras emociones, más que temer a un ataque de robots, los algoritmos se pueden convertir en vigilantes al servicio de gobiernos autocráticos.
La IA no es una herramienta más que ha creado la humanidad, haciendo la consulta al propio ChatGPT entre su paralelismo con una calculadora su respuesta me ha dejado perpleja: “Una calculadora no tiene autonomía, solo responde cuando se le da un comando, en cambio la IA puede actuar de forma autónoma, tomar decisiones o realizar tareas sin intervención constante humana (como un coche autónomo o un chatbot).”
Harari continúa exponiendo los peligros que representa dejar de invertir en la inteligencia humana. La manera en que aprendemos se ha modificado, ningún docente puede ignorar el gran potencial de la IA y puede usarlo como un aliado.
Pero qué pasará si dejamos de escribir y leer por nosotros mismos, si todo se lo dejamos al ChatGPT o las otras IA que conocemos. ¿Será que el pensamiento se desvanecerá y todo lo hará en un futuro no muy lejano la IA? Renunciar a pensar retrocederá lo que hasta ahora la humanidad ha logrado si vemos el escenario más negativo.
Al usar de manera irresponsable la IA estamos apagando nuestra voz interior, nuestro juicio crítico se desvanecerá o quedará atrapado en un area gris donde prima más un algoritmo que nuestro propio instinto de supervivencia.
No es satanizar la IA, pero si estar conscientes que estamos ante algo nunca antes creado o por lo menos jamás registrado en la historia humana.
La IA no tiene sentimientos, no puede comprender de manera vivencial lo que es estar alegre, triste, enojado, preocupado, esos temas competen solo al homo sapiens, sin embargo, como apunta el filósofo Harari, la IA si tiene la capacidad para identificar nuestros más grandes miedos, odios y deseos humanos.
Si la IA cae en las manos equivocadas somos fáciles de controlar, los que nos advirtió George Orwell, en su novela de ciencia ficción 1984 podría estar ya ocurriendo por medio de la vigilancia digital. Harari destaca que la manipulación de elecciones y referéndums ya ha ocurrido, los piratas informáticos ya saben cómo manipular a los votantes.
Él advierte la urgencia de invertir en promover la conciencia humana, más que en la inteligencia artificial. Hay mucho que escribir en este capítulo inédito de la IA que se plasma en la historia de la humanidad. Potenciar lo positivo y estar listos para enfrentar los riesgos de la era digital, podría contribuir para que seamos mejores seres humanos.



