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sábado, julio 18, 2026

Cuando innovar incómoda

Por Mirna Isabel Rivera

El concepto de innovación forma parte del discurso cotidiano de muchas empresas y emprendimientos, sin embargo, el verdadero desafío surge cuando se intenta llevar a la práctica. La automatización y el uso de la inteligencia artificial se presentan como soluciones inevitables, dejando por un lado algo fundamental: la cultura organizacional,
como elemento clave para incentivar la innovación.

Las culturas organizacionales rígidas y verticales, frenan la innovación. El hecho de poseer la mejor tecnología no implica que se transforma la forma la manera de pensar. El pensamiento crítico incomoda a los jefes tradicionales, la creatividad no forma parte de la agenda corporativa.

Tomando como referencia Silicon Valley, cuna de empresas como Apple, Google y Tesla, que han transformado la industria, con sus propuestas innovadoras, dando paso a una cultura basada en el conocimiento, ha demostrado que la creatividad agrega valor económico y puede impulsar el desarrollo de las sociedades.

Más allá de ser un espacio geográfico que agrupa a las empresas que están marcando la diferencia, es un modelo que busca el desarrollo a largo plazo, que invierte en el talento humano y fomenta una cultura de aprendizaje, prueba y error, donde es permitido
equivocarse.

Algo que han hecho bien estas empresas es comprender la necesidad trabajar con el ecosistema. Hay una fuerte colaboración entre la academia y la industria. Hay más de 50 universidades en la zona. Hay importantes empresas financieras, por algo Silicon Valley se concentra el 20% de empresas emergentes (startups), metodologías como Design Thinking (pensamiento del diseño) son parte de la cultura empresarial.

Este método busca la resolución de problemas enfocado en el usuario por lo que requiere: empatizar, definir, idear y prototipar y probar un artefacto.

Los valores que promueven las startups tienden a ser más innovadores, porque premian la creatividad, impulsan una comunicación horizontal, son más abiertas e inclusivas, menos rígidas a diferencia de las culturas corporativas tradicionales, tienden a creer que, porque así se ha hecho siempre determinado proceso o brindado cierto servicio y han tenido éxito, entonces no existe otra forma de hacerlo.

La innovación y la aceptación del riesgo van de la mano. Los líderes deben estimular la transformación digital, ofrecer herramientas tecnológicas, capacitar constantemente a sus equipos para que estos sean capaces de autogestionarse y perder el miedo a equivocarse, hasta lograr el éxito anhelado.

La innovación no es algo aislado, es una forma de cambiar la realidad, buscar soluciones a problemas reales, dejar el pensamiento conformista, creer que como así se han hecho las cosas siempre no hay otra manera. Es generar cambios que mejoren el servicio o producto, pero también tengan un impacto positivo en el ecosistema.

La innovación en países en desarrollo es un verdadero reto, porque hay que enfrentar muchos estilos de liderazgo autoritarios, sistemas de producción tradicionales y un elemento que está presente en muchas sociedades rezagadas, la alta corrupción.

Agilizar un proceso, podría significar que alguien deje de recibir dinero bajo la mesa, o que el dueño o presidente de la organización tenga que arriesgar más capital, frenando así la
creación de una cultura de ganar-ganar.

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