Por Mirna Isabel Rivera

A diario escuchamos noticias sore guerras, rumores de guerras, hambrunas, violencia y muchas otras malas noticias. Vivimos tiempos turbulentos. El negativismo y la falta de humanidad parece estar por doquier, este domina la esfera mundial, pero a pesar de todo y contra todo pronóstico, las personas deciden emprender para salir adelante y hasta hay corporaciones que deciden invertir en contextos complejos.
Debemos estar preparados para que las crisis económicas y sociales no nos tomen por sorpresa. Una persona que está bien informada tiene mayor ventaja. Como señala Peter Drucker (1980) en su libro “Gerencia en tiempos difíciles”, la primera tarea de un líder, hombre o mujer es asegurarse de la capacidad de su organización para sobrevivir a un golpe repentino, adaptarse a estos cambios y reconocer nuevas oportunidades.
Honduras tiene mucho que ofrecer. Las ciudades del Valle de Sula, como San Pedro Sula, cuentan con comercio dinámico, sistema bancario, restaurantes, servicios y un recurso natural fundamental: el agua. Vital líquido que debemos cuidar con responsabilidad es importante cuidar nuestros bosques y no seguir construyendo en áreas protegidas.
No podemos seguir moldeando un país para todos divididos, como decía el poeta Roberto Sosa en sus versos. Muchas comunidades están abandonadas, los polos de desarrollo se concentran en pocas zonas y en pocas manos. El clasismo es notorio cuando buscamos brindar oportunidades y promover la movilidad social ascendente.
Debemos derribar el mito de que Honduras no puede ser un mejor país para todos. Tenemos un ejemplo cercano, aun con las imperfecciones de un país latinoamericano. Costa Rica, ha cumplido con garantizar a la población una cobertura de salud eficiente, al igual que con el tema educativo sumado a la baja criminalidad comparada con el resto de los países de la región. No hablamos de países nórdicos, donde los estándares éticos son muy altos, sino de un país vecino y hermano que demuestra que otras rutas son posibles.
Nuestra generación tiene una responsabilidad histórica. Las decisiones que se tomen hoy tendrán consecuencias para las generaciones que vienen atrás. Los tomadores de decisiones de nuestro país en el sector público y privado tienen una gran cuota de responsabilidad. Y su gestión no solo será evaluada por la historia, sino también por la conciencia moral de cada sociedad y por los órganos judiciales en algún momento.
Necesitamos reflexionar hacia dónde vamos: como personas, como familias, como sociedad y como país. Hace siglos, Jesús enseñó que escucharíamos de guerras, terremotos, pestilencia, tendríamos pobres siempre, pero todavía no es el fin, porque el día y la hora de su segunda venida nadie la sabe, pero literalmente veremos señales. Pero eso no significa resignarse, al contrario, implica asumir nuestra responsabilidad frente al futuro.
Vivir en un país como Honduras, demanda mayor empatía, solidaridad, servicio al prójimo, honradez y compromiso para aminorar la gran brecha de desigualdad (MIR).



