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lunes, mayo 20, 2024

¡Carpe diem!, Glenda Azucena

El título que antecede a esta columna cerebral, es una frase latina que significa “aprovecha el día” o “disfruta el momento”, con ella se alienta a centrarse en el presente, a apreciar el valor de cada momento de la vida y evitar posponer las cosas innecesariamente, porque toda vida eventualmente llega a su fin. Hoy, con este texto quiero honrar a mi hermana que está de cumpleaños.

El enunciado se le atribuye al poeta romano Quinto Horacio Flaco, conocido como poeta lírico, y autor de la frase ‘carpe diem’, usada para invitar a tomar lo bueno que ofrece cada momento, sin detenerse demasiado a pensar en lo que pueda traer el futuro.

Él exhortaba a aprovechar el presente ante la constancia de la fugacidad del tiempo. En su poema, Horacio escribe “Carpe diem quam mínimum crédula”, traducido como “aprovecha el día, no confíes en mañana”, habla de gozar el presente desde la percepción del inevitable camino que lleva a todo ser humano a la muerte.

El “carpe diem” puede ser un principio útil para implementar en la vida, pero es importante comprender los matices que conlleva, ya que suele ser malinterpretado y visto como un simple estímulo para adoptar un comportamiento descuidado y hedonista (de búsqueda de placer).

El hedonismo refleja la creencia de que el placer es lo más importante en la vida; el fatalismo la creencia de que todos los acontecimientos están predeterminados y son inevitables. En consecuencia, las personas fatalistas tienden a vivir una existencia cotidiana y suponen que no tiene sentido planificar el futuro, ya que el futuro está determinado por el destino y no hay nada que puedan hacer para cambiarlo.

Ante la incertidumbre de los tiempos de pandemias, guerras, desastres naturales y economías perturbadoras hay quienes quieren vivir al máximo, casi de manera irresponsable, como la “vida loca” de Ricky Martin, es decir, pretenden vivir el momento como si no hubiera un mañana.

En esencia, el concepto de “carpe diem” trata de reconocer la brevedad de la vida y aceptar la inevitabilidad de la muerte, de no perder tu hoy en un vano intento de predecir tu mañana y de centrar tu atención y acciones en el momento que es lo único que puedes controlar directamente y no debe verse como una justificación para un comportamiento imprudente o para vivir la vida sin preocuparse por el futuro.

Algunos términos modernos reflejan el significado distorsionado del “carpe diem”, por ejemplo, el término “carpe noctem” que significa “aprovechar la noche” y que anima a disfrutar al máximo nocturnamente a modo de celebración.

Otro ejemplo es “sólo se vive una vez” o “yolo” (acrónimo inglés) que alguna gente utiliza para justificar la toma de riesgos innecesarios y la participación en comportamientos imprudentes.

Tales dichos no entran en conflicto con el concepto de “carpe diem”, ya que la implementación adecuada de este concepto debe tener en cuenta las limitaciones razonables de la vida.

Más bien, lo que entra en conflicto con este concepto son los retrasos innecesarios que pueden evitarse, especialmente cuando ocurren debido a que te concentras en el pasado o el futuro en lugar del presente, o cuando ocurren porque no aprecias el tiempo limitado que tienes.

Una formulación menos común es “carpe annum”, que significa “aprovecha el año”.

Un enfoque activo de carpe diem consta de dos facetas: 1) concentrarse en lo que está sucediendo en el presente y la conciencia de la singularidad, y 2) el valor de cada momento de la vida, es decir, no implica olvidar el pasado o ignorar las consecuencias futuras de nuestras acciones.

Un concepto no tan alegre ni amable, pero destacable es “memento mori” que significa “recuerda que morirás” y también la frase “tempus fugit” o “el tiempo vuela” y que pueden empujar a recordar que nuestro tiempo en la vida es limitado.

Hoy jueves, que mi hermana Glenda Azucena arriba a sus “titantos”, y dos días después de aterrizar en mis 56 abriles, ante la certeza de lo inexorable del tiempo, tengo claro que un año más es uno menos y por ello debo vivir sin el afán por el goce irresponsable del placer mundano, pero sí con la alegría y la satisfacción de disfrutar mis últimos días de manera respetable conmigo, pero, sobre todo, respetuoso con los demás.

Mientras, escribiré poco y meditaré más, igualmente hablaré menos y observaré más, talvez, como no lo vi el lunes 8 reciente, dentro de 108 años, es decir, en 2132 pueda ver el próximo eclipse solar.

¡Felicidades amada hermana!, a celebrar pues… ¡Salud!

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