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sábado, julio 18, 2026

Antes de hablar del sistema de salud

Por: Héctor A. Martínez

Escuchaba el otro día a un exministro diciendo que el día en que los políticos tomasen en serio la salud del pueblo hondureño, la situación mejoraría por completo. El funcionario, al igual que muchos académicos y gente de clase media, está equivocado. La situación no cambiará para nada mientras tengamos un sistema político y económico como el que tenemos.

Si la salud ha sido la gran promesa de los gobiernos, ¿por qué saquearon el IHSS en tiempos de Porfirio Lobo, por qué hay una kilométrica mora quirúrgica, hospitales a medio construir o huelgas de médicos y enfermeras a cada rato? En primer lugar, aunque todos prometen priorizarlo, el modelo económico y político hace imposible mantener una estructura sanitaria moderna. Detrás de sistemas sanitarios eficientes, como los de Chile y Europa, existe una economía vigorosa capaz de financiarlos y un Estado que se esmera por redistribuir los recursos con transparencia.

Al igual que el exministro demagogo –o inocente—, muchos columnistas, periodistas y analistas políticos, formados bajo una visión estatista y redistributiva, apuestan a que el Estado, tal como está en estos momentos, puede y debe destinar mayores recursos a los presupuestos de salud y educación y con eso basta. Lo que ignoran es que las cosas solo podrán mejorar cuando las inversiones de todo tipo fluyan y las empresas locales se vuelvan altamente productivas y competitivas. Con una facturación al alza, ahora sí, las empresas podrán pagar salarios más altos y, como consecuencia, el Estado logrará captar un mayor volumen de recaudación impositiva, gracias al dinamismo empresarial y al aumento de los ingresos laborales.

Con empresas gozando del proteccionismo estatal y pagando salarios de hambre; con un Estado donde la corrupción es parte del sistema y el clientelismo político infla la nómina pero vacía los stocks de medicamentos, las expectativas presupuestarias en salud no podrían ser más pesimistas. Solo con mercados liberalizados donde las empresas compitan en buena lid con productos y servicios de calidad se podrá asegurar una mayor captación fiscal y un sistema de salud más equitativo. En otras palabras, necesitamos más capitalismo que genere riqueza, mayor tributación y un mejor destino de los recursos fiscales hacia esos dos rubros.

Con una inflada burocracia que absorbe ingentes cantidades de recursos, gasto excesivo, manteniendo empresas ineficientes –como la ENEE y Hondutel— y un endeudamiento acelerado, estamos condenados como Sísifo a subir cuesta arriba una pesada roca y volver a levantarla cuando ruede cuesta abajo. Cada mañana y cada noche tendremos en los noticieros, foros y mesas de trabajo a los mismos “expertos” de siempre, dando explicaciones y soluciones a cosas que todos sabemos no resultarán.

Cuando el crecimiento económico llegue al 7 % sostenido y estemos en el top 50 mundial de competitividad, me avisan. Toda discusión sobre el sistema sanitario será demagógica mientras ignore la base económica. Periodistas y políticos: si van a tener esta clase de discusiones, ya deberían saberlo.

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