31 C
Honduras
miércoles, junio 3, 2026

¿Al velorio?

“Ajá –mensaje del amigo notario– ¿y la política de no intromisión en otros Estados con la que sale “la tocadita”? (Rezonga el Sisimite y Winston puja: ¿Y acá – sin escrúpulo a esos otros fingidos escrúpulos– no pasan ansiosos al manoseo de afuera? Si casi como prócer fueron a despedir al peruano aquel que mandó el uruguayo secretario general de la OEA, suplicándole que no se fuera.

¿Y todo ese alboroto implorando que venga la tal CICIH, (la fiscalizadora de la ONU), de sombrero a suplir el sistema de justicia hondureño, porque esto dizque no funciona? ¿Y la algarabía manifiesta por las proezas de la Casa Blanca en algunos países ñurdos, más bien tristes porque todavía no se ha metido e interviene del todo?)

Una exfuncionaria amiga: “Me preocupa más su editorial”. “Pensé que la comunidad internacional estaba más activa y preparada, más allá de lo de los comunicados”. “Tenía fe en posibles acciones que no se daban a conocer públicamente”. “Pero tengo fe en la organización de los partidos y más aún en la ciudadanía; también creo en las consejeras, ellas están, y defenderán hasta el final el proceso electoral”.

Hablábamos ayer de los comunicados inodoros incoloros de la “preocupada comunidad internacional, una vez que estalla la crisis y mientras, de lo “calladito se ven más bonitos”, durante su gestación. “Se trata de una observación política y ética que toca el núcleo de la ineficacia moral de la diplomacia contemporánea en contextos de crisis institucional o democrática”.

Esa “diplomacia de las preocupaciones” funciona, en realidad, como una coraza institucional, un mecanismo de autoprotección burocrática”. Las lumbreras en esos órganos mundiales y hemisféricos y regionales “emiten comunicados para cubrir expediente, para poder decir luego “advertimos, manifestamos, estuvimos atentos”, y así curarse en salud frente a cualquier desenlace”.

“En el fondo, dudoso que busquen incidir, solo preservar la imagen del organismo o del cargo”. “El comunicado se vuelve un acto de inmunidad moral, una forma elegante de decir “no hicimos nada, pero dejamos constancia de que nos preocupaba”. Otra observación es la extemporaneidad. “Manifestaciones suelen llegar cuando la crisis ya estalló, –después del trueno, Jesús María– no cuando aún podía prevenirse con un acompañamiento técnico, mediador o de advertencia temprana”.

“El resultado es una diplomacia reactiva, no proactiva; una que llega tarde, a las cansadas y sin instrumentos reales para incidir”. “Es como el médico que aparece en el velorio a dar el pésame manifestando que “lamenta el fallecimiento” del paciente que nunca atendió cuando estaba enfermo”.

(Oíme – tercia el Sisimite– aquí del colectivo los curiosos preguntan sobre estas referencias: “No frecuentamos las embajadas. Así que no abrigamos esperanza alguna, si algún día detona uno en el patio doméstico, que vayamos a conseguir asilo. Quedamos a la mano de Dios.

Hace unos meses atrás, que estuvieron blandiendo la espada de Damocles, una consejera anduvo indagando, por si las moscas, dónde podía irse a meter, y no hubo puerta alguna que se le abriera. Las representaciones diplomáticas de las democracias, además de “preocupadas” son sumamente cautelosas, y la relación solidaria es muy de lejitos.

No así las autocracias que más bien se disputan por darle refugio a los camaradas.” -Así es –suspira Winston— yo voy a tener que ir a buscar asilo allá a tu cueva. Y triste, pero es un contraste innegable entre las democracias y dizque sus aliados, con las autocracias y sus protegidos. Los compañeros de viaje –en momentos de apuro– más bien se disputan el honor de darle albergue a los camaradas).

 

Más Noticias de El País