25.5 C
Honduras
domingo, julio 19, 2026

Un nuevo orden según Trump: fuerza, autoridad y control regional

Uno de los asesores más influyentes y de mayor trayectoria del presidente Donald Trump en la Casa Blanca, Stephen Miller, ofreció la explicación más contundente hasta ahora sobre el giro radical en la política exterior de Estados Unidos, en medio de un primer año intenso del segundo mandato del mandatario republicano.

En declaraciones a Jake Tapper, de CNN, el subsecretario de la Casa Blanca afirmó que el orden internacional se rige por el poder y la fuerza, minimizando la importancia de las normas diplomáticas tradicionales.

“Vivimos en un mundo real que está gobernado por la fuerza, por el poder, por la autoridad. Éstas son las leyes de hierro del mundo”, sostuvo Miller, al tiempo que dejó claro que Washington actuará en consecuencia. “Somos una superpotencia. Y con el presidente Trump, nos comportaremos como tal”, añadió.

Las declaraciones se produjeron tras la polémica operación de fuerzas especiales estadounidenses en Venezuela, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro, presentado este lunes ante una corte federal en Nueva York.

Trump ha asegurado que su administración “gobierna” ahora Venezuela, justificando la acción al señalar a Maduro como el líder de un vasto cártel de narcotráfico y a su país como una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos.

El mensaje de Miller también refuerza las advertencias recientes del presidente Trump hacia otros países de la región. El mandatario lanzó amenazas directas contra Colombia, instó a México a “ponerse las pilas” y reiteró que Irán enfrentaría “un duro golpe” si atentaba contra manifestantes.

Aunque la retórica beligerante ha sido una constante en la administración Trump, analistas advierten que el actual escenario ya no se limita a discursos provocadores, sino a acciones concretas con profundas implicaciones geopolíticas.

La operación en Venezuela, realizada sin autorización del Congreso, ha generado cuestionamientos sobre la legalidad de la incursión, la violación de la soberanía venezolana y el uso de casi 200 efectivos estadounidenses en una misión que incluyó un intenso enfrentamiento armado.

Si bien la eventual salida de Maduro podría abrir la puerta a una democratización del país y al retorno de millones de refugiados, la estrategia de la Casa Blanca plantea serias interrogantes sobre el futuro de Venezuela, el costo económico para los contribuyentes estadounidenses y la capacidad de Washington para sostener una política exterior cada vez más ambiciosa en el hemisferio occidental.

Entre las principales dudas figuran si existe un plan claro para la reconstrucción política venezolana, si se contemplan nuevas incursiones militares —Miller habló de una operación “en curso”— y hasta qué punto Estados Unidos puede asumir el liderazgo regional mientras enfrenta problemas internos, como la caída de la aprobación presidencial por debajo del 40 % y el descontento por el alto costo de vida.

Pese a ello, el Congreso estadounidense ha mostrado escasa disposición a ejercer control. Líderes republicanos en la Cámara de Representantes y el Senado respaldaron la postura de la Casa Blanca, argumentando que la incursión fue una acción de aplicación de la ley que no requería autorización constitucional.

El líder de la mayoría en el Senado, John Thune, incluso afirmó que informar previamente al Congreso habría sido “desaconsejable”, al considerar que el Legislativo “no es el mejor para guardar secretos”.

El episodio marca un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos y abre un debate sobre los límites del poder presidencial, el rol del Congreso y las consecuencias de una estrategia basada en la fuerza como principal instrumento de liderazgo global.

Más Noticias de El País