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martes, abril 23, 2024

Son 16

Mire compa, me dijo Pin con cara de indio pícaro, ahora resulta que son dieciséis nada más, como que se mocharon dos, dijo riendo. La verdad cualquiera tiene derecho a equivocarse, ni que fuéramos computadoras, pero hay personas, por los cargos que manejan, por lo que representan, que no pueden equivocarse, menos si es un pueblo entero que ha votado por tener a ese líder o lideresa en el mando. Lo menos que se le pide es que sepa lo básico de esta tierra. Dice mi suegro, que es más ácido que una batería vieja, que la verdad no se equivocó, así como nos tienen abandonados, me dijo, hasta la razón le doy. Si se fija, me explicó con cara de sabio, pero los ojos bailándole como torofuegos en feria, solo agarre la carretera a occidente y después de un ratito le parecerá ver la luna de tantos baches, que son más cráteres o gradas, solo fíjese el abandono que se siente al pasar de la principal ciudad de por allá, como si el Gobierno se hubiese olvidado de la tierra nuestra que colinda con los países hermanos, tierra bella y productiva, pero con historia de abandono añeja, partido tras partido, gobernante tras gobernante, solo en elecciones se acuerdan cuando van a chinear cipotes y regalar abrazos, sonrisas y apretones de mano, porque después se les olvida. Allí va uno de los departamentos, y si mira para el otro lado, justo en el extremo de nuestra tierra, allá donde se encontró una ciudad blanca mentada, esa pobre gente ha estado más olvidada que deuda no cobrada, si allí solo en avión se llega o en barco tal vez, porque carretera o a pie se lo traga la selva, allí, si cuenta, compa, ya son dos y si restamos a los dieciocho que conocemos, vemos que no está equivocada la doña ¿vaa? Eso me dijo mi suegro, la verdad no le veo falta a su lógica, un país no solo es un mapa que divide, es un gobierno que une, son obligaciones con la gente sea del norte, sur, oriente u occidente, son todos los que dependen de su gobierno. Yo, siguiendo la lógica de mi suegro, compa, me atrevería a decir que no son dos los que faltan si no dieciséis, porque se siente el descontento sazonado con abandono en cada rincón de esta hermosa tierra, tal vez en la capital o en San Pedro sea menos la cosa, obvio, con sus respectivos departamentos no soy tan papo, dijo riendo, pero que se siente se siente, compa. Por todos lados caminos de tierra de herradura diría yo, no hay agua potable, no hay fluido eléctrico, no hay escuelas y menos hospitales, hasta una pinche aspirina es difícil de hallar.  No tiene que ser politólogo, no tiene que ser de la contra, solo tiene que tener tres dedos de frente y lo verá. Por eso creo que son dieciséis, fíjese, pero los olvidados tal vez, y a eso se refería ella cuando se echó ese discurso tan famoso.

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