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viernes, julio 19, 2024

SIN VENDAS: El bosque que crece

Sí compadre, me dijo calladamente, con una mirada arisca, a la carrera, como de gato cazador, viendo a la carrera a todos lados, como si lo siguieran. Aquí las paredes oyen y eso, pues, no es bueno, me dijo serio. Mire compa, ayer, por ejemplo, bañaron como a seis en la capital, solo Dios sabe por qué y a cada rato ve usted que aparecen paisanos templados, en callejones, cerca de ríos, en solares y casi nunca sabemos por qué, si se descuida hasta la casa llegan a tocarle la puerta a uno, como los de ayer, que Dios los tenga en su gloria, me dijo persignándose. Lo importante, compa, ahora es ver, oír y callar, porque con pico de cera dura más uno, me dijo asintiendo. Ya no se sabe con quién habla uno, la delincuencia rebota por todos lados, en la calle se pavonean como grandes señores y uno no sabe a quién tiene a la par, si un ‘traqueto’, si un ‘ladrillo’ o alguno de los muchachos, cualquier cosita que diga uno, pues le pueden dar pa’ bajo, sin pensarlo mucho, la vida aquí ya días está devaluada.

Las fuerzas del orden, pues, no ordenan mucho, tal vez para acordonar con sus benditas líneas amarillas, pero cuando ya pasó la cosa, cuando otro paisano más, o paisanos más ya empiezan el viaje a Xibalbá, según los antepasados y digo yo, que para que, si lo que queremos es evitar la matazón, no que lo cuiden muerto a uno ¿vaa?

Serán ideas mías compadre, pero se siente que cada día es más la cosa, como que no hay manera de pararla y nosotros los del pueblo, los que caminamos, que vivimos en cuarterías, los que andamos en bus, nosotros pues, somos los que pagamos el pato. Si ya ni ir a la pulpe puede ir uno, por miedo que se le pare una moto, ya caminamos con dolor en el cuello de tanta voltiazón a ver para todos lados, rogándole al Altísimo y a la Virgen que lo dejen llegar a uno. Al llegar uno corre a cerrar la puerta con doble tranca casi y salir después de las seis es casi sacrilegio, si lo agarra la noche a uno, caminando en esas aceras a oscuras, porque los focos ya días no los arreglan o peor si hay corte programado como dicen aquellos, son temblazones que nos tenemos, con el alma en un hilo como dice mi santa madre, nada que envidiarles a los soldados en combate creo yo, el mismo estrés. Así estamos de amolados compadre, socando no salir en el periódico y viendo cómo crece el bosque.

¿Cuál bosque?, le pregunté inocentemente y me respondió luego de pensarlo largamente, pues el de cruces en el camposanto compadre, ese bosque es el que le digo, ya ni caben las crucitas allí.

Son tantos los entierros que ya están todos apretados me parecen, me dijo lúgubremente, ese el bosque que crece compa, es el reflejo de lo que estamos viviendo, la inseguridad se casó con la delincuencia y corretearon a la justicia, ahora ellos riegan con sangre su bosque viendo retoñar las cruces y sabiendo con su sonrisa macabra que van ganando.

Jesús Pavón

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