Seis personas murieron y tres más resultaron heridas luego de inhalar gases tóxicos mientras realizaban labores de limpieza en un pozo de agua de 35 metros de profundidad en una comunidad rural del centro de Yemen.
El accidente ocurrió este viernes en la aldea de Al Hajarah, ubicada en la gobernación de Ibb, a unos 190 kilómetros al sur de Saná, donde un grupo de pobladores efectuaba trabajos de mantenimiento en un pozo que abastece de agua potable a los habitantes de la zona.
De acuerdo con información proporcionada por fuentes de la Defensa Civil yemení, las víctimas fueron afectadas por los gases de escape generados por una bomba de agua utilizada para extraer el líquido durante la limpieza del pozo. La acumulación de estos gases redujo drásticamente los niveles de oxígeno, provocando la asfixia de quienes se encontraban en el interior.
Las seis personas fallecieron en el lugar de los hechos. Sus edades oscilaban entre los 17 y los 60 años. Además, tres personas fueron rescatadas con vida y trasladadas a un centro asistencial, donde dos permanecen ingresadas en la unidad de cuidados intensivos debido a la gravedad de su estado.
Las autoridades han reiterado en diversas ocasiones el riesgo que representa el uso de motores de combustión y bombas de agua en espacios cerrados y pozos profundos, ya que los gases emitidos pueden desplazar rápidamente el oxígeno y causar pérdida del conocimiento en cuestión de minutos.
Este tipo de accidentes no es aislado en Yemen. En los últimos años se han registrado varios casos similares, relacionados principalmente con el desconocimiento de los riesgos que implica trabajar en espacios confinados sin las medidas de seguridad adecuadas.
La prolongada crisis que atraviesa el país desde el inicio del conflicto armado en 2014 ha deteriorado la infraestructura y los servicios básicos, obligando a numerosas comunidades rurales a depender de pozos privados para abastecerse de agua potable. La limitada capacidad de respuesta de los servicios de emergencia y la falta de equipos especializados incrementan el riesgo durante las labores de mantenimiento realizadas por los propios habitantes.


