El fenómeno de El Niño es un evento climático natural que ocurre cuando las temperaturas del océano Pacífico ecuatorial aumentan más de lo normal, alterando los patrones de lluvia y provocando cambios en el clima a nivel global.
En Centroamérica, y especialmente en Honduras, suele asociarse con períodos de sequía, reducción de precipitaciones y afectaciones directas a la agricultura y la disponibilidad de agua.
En Honduras, el impacto de este fenómeno podría traducirse en una crisis para miles de familias que dependen del campo.
Aunque las lluvias de mayo marcan el inicio de la temporada de siembra, autoridades advierten que estas primeras precipitaciones podrían generar una falsa sensación de seguridad en los productores, ocultando un riesgo mayor: la ausencia de lluvias en los meses críticos de desarrollo de los cultivos.
El viceministro de COPECO, Nelson Márquez, alertó que cerca de 250 mil familias podrían enfrentar inseguridad alimentaria si no se toman medidas preventivas a tiempo y si los agricultores no siguen las recomendaciones técnicas emitidas por las autoridades.
El mayor peligro se concentraría entre junio y julio, cuando los granos básicos se encuentran en su fase de crecimiento y requieren mayor humedad.
Las zonas más vulnerables incluyen municipios de El Paraíso, Choluteca, Valle, La Paz, Intibucá, Lempira, Copán y Ocotepeque, además de áreas del nororiente de Yoro, donde la sequía podría intensificarse.
En total, 89 municipios han sido identificados como de alto riesgo, donde se recomienda ajustar las fechas de siembra y utilizar semillas más resistentes a la sequía.
Las autoridades insisten en que el acceso a la información y la aplicación de las recomendaciones técnicas serán determinantes para evitar pérdidas en la producción agrícola y afectaciones al ganado.
En paralelo, la Red Humanitaria del Gobierno trabaja en la coordinación de ayudas para evitar errores en la distribución de asistencia.
El llamado oficial es a la prevención, ya que el fenómeno de El Niño aún no alcanza su máxima intensidad, pero ya está marcando el comportamiento del clima en el país.
En el campo hondureño, donde la agricultura sostiene la economía de miles de familias, cada decisión de siembra puede significar la diferencia entre una cosecha exitosa o una pérdida total.
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