Una tragedia enluta a la comunidad de La Palca, en el municipio de San Francisco de Ojuera, Santa Bárbara, luego de que un padre y su hija murieran arrastrados por la corriente de una quebrada que aumentó considerablemente su caudal debido a las fuertes lluvias.
Las víctimas fueron identificadas como José Ángel Pineda y su hija, Jackelin Pineda, quienes habrían perdido la vida cuando intentaban cruzar la corriente durante su regreso a casa.
De acuerdo con información difundida por Hoy Mismo de TSi y reportada este domingo 4 de octubre, ambos habían asistido a un carnaval realizado en el municipio. Al finalizar la actividad emprendieron el retorno hacia su vivienda ubicada en La Palca.
Durante el trayecto se encontraron con una quebrada crecida por las intensas precipitaciones. Al intentar atravesarla, la fuerza del agua los arrastró, provocando la muerte de ambos.
El director regional de la Secretaría de Gestión de Riesgos y Contingencias Nacionales (Copeco) confirmó la tragedia y las acciones relacionadas con la emergencia.
El hecho ocurre mientras persisten condiciones lluviosas en diferentes regiones de Honduras. Copeco mantiene alerta verde por 48 horas para el Distrito Central y San Pedro Sula, vigente desde las 10:00 de la noche del sábado 3 de octubre, debido a una vaguada y a la convergencia de humedad del Pacífico y el Caribe. Las autoridades advierten sobre posibles crecidas repentinas de ríos y quebradas, inundaciones y deslizamientos.
Para este domingo se pronostican lluvias y chubascos de débiles a moderados, con actividad eléctrica aislada y mayores acumulados en sectores de las regiones occidental, central y sur del país.
Ante este escenario, las autoridades reiteran a la población no intentar cruzar ríos, quebradas, vados o riachuelos cuando presenten un incremento en su caudal, aunque el nivel del agua parezca permitir el paso. También recomiendan alejarse de las riberas durante lluvias intensas y atender las instrucciones de los organismos de emergencia.
La muerte de José Ángel y Jackelin Pineda deja nuevamente en evidencia el peligro de las crecidas repentinas, capaces de transformar en cuestión de minutos una corriente aparentemente transitable en una amenaza mortal.


