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lunes, mayo 20, 2024

Nuestros tesoros

Me encontré por ahí con una publicación de alguien que contaba haber comprado una copia usada de “Lejos de África” de Isak Dinesen, novela en la cual fue basada aquella bella película de 1985 protagonizada por Robert Redford y Meryl Streep, África Mía. Dice esta persona que leyendo la dedicatoria quedó asombrada ya que, fechada un 13 de julio de 1986, dice algo así como: “Que este libro permanezca siempre en nuestra biblioteca, te adoro”. Sigue diciendo el comprador del libro: “Han pasado casi 40 años y de repente casi me atrajo más la historia de su lectora que la del autor. Evidentemente, su deseo no se cumplió; 38 años después, el libro cayó en mis manos por azar y sin saber por qué me ha invadido la tristeza”.

Esto me dejó a mí misma asombrada porque precisamente esa mañana yo había despertado pensando (no sé por qué) en la majestuosa biblioteca de Mario Vargas Llosa la cual cuenta con cientos de libros en varios idiomas y entre los cuales se pueden encontrar novelas, relatos, poesía, ensayos, textos de no ficción, etcétera, y, en sí, tal vez, él ya habrá pensado qué sucederá con sus amados libros cuando ya no esté para cuidarlos. Recordé ese pasaje de la novela de Jaime Bayly “Los Genios” donde cuenta esto y una anécdota curiosa sobre esa vez cuando el Premio Nobel de Literatura 2010 decidió mudarse de Barcelona a Lima y prefirió viajar en barco, aunque la travesía involucrase tres largos meses y las protestas de su esposa por tener que hacer semejante viaje con tres niños pequeños. Protestas a las cuales el famoso escritor peruano contestó alegando que “no puedo mandar mis libros en barco y volar yo en avión. Si se hunden mis libros, me hundiré con ellos”.

Inmediatamente después pensé en mis propios libros, porque si bien es cierto que no cuento con la misma majestuosa biblioteca de Vargas Llosa, y que aún no logro concentrarlos todos en un mismo lugar, también es cierto que, al igual que él, considero mi modesta colección, uno de mis más grandes tesoros. E igual me preocupa lo que sucederá con ellos después que ya yo no esté. Pero precisamente ese mismo día tuve una reunión con las amigas y una de ellas (asidua lectora también), me prometió hacerse cargo si es que se enteraba que nadie más alrededor se interesaba en cuidar de ellos. Esto desde luego me deja más tranquila porque, desde luego que desearía que cada uno de esos libros que me han acompañado, guiado, adiestrado, transportado, emocionado y tantas cosas más, durante toda la vida, terminen en las manos correctas, en las de una persona que los aprecie, los cuide y sobre todo… los lea.

Y es que personalmente prefiero ver un libro medio sucio, medio arrugado, subrayado y demás que uno con apariencia nueva aún sin serlo ya que el primero me dice a gritos que se ha cumplido el deseo de su autor; el libro ha sido leído. El segundo en cambio, está cumpliendo únicamente la función de un adorno, lo cual es una verdadera lástima y entonces recuerdo el pensamiento de otro grande de la literatura, Mark Twain, con quien estoy completamente de acuerdo cuando dice: “El hombre que no lee, no tiene ninguna ventaja sobre el que no sabe leer”.

Emy James
Emy James
Emy James, psicóloga y Máster en Educación, escritora a nivel profesional. Trabaja en teatro y radio y es también docente.
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