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viernes, abril 19, 2024

La importancia de ser insignificante

Usted y yo somos uno de los 8 mil millones de personas que viven en la Tierra y apenas uno de los miles de millones que han existido a lo largo de la historia del planeta que, enorme y bello como es, podría caber en el Sol aproximadamente 1 millón trescientas mil veces.

Ese sol, que nos da vida -y a veces seductores bronceados- es uno de los millones de soles en la Vía Láctea que es tan grandísima que a un rayo de luz le tomaría cien mil años cruzarla de extremo a extremo. Sólo una entre los doscientos mil millones de galaxias que se estima hay en el Universo.

¿Cuál es nuestro tamaño real e importancia? Siempre he pensado que somos -proporcionalmente- lo mismo que una de los millones de bacterias que viven dentro de nuestro organismo. Algunas, podría ser, estarán en capacidad de entender su microscópico alrededor y hasta sospechar que viven dentro de un cuerpo infinitamente mayor que ellas. ¿Cuántos seres humanos dijimos que existían?, ¿unos 8 mil millones? ¿Podrá de alguna manera esa bacteria estar consciente de su pequeñez e insignificancia? Lo mismo podríamos preguntar a cualquiera de nosotros; sabemos lo que somos, casi conocemos de dónde venimos y sí, podemos estar muy seguros de para dónde vamos, nada más una fugaz chispa en lo infinito del tiempo.

En Corea del Norte se encuentra el estadio de fútbol más grande del mundo, el fabuloso Rungrado Primero de Mayo, con capacidad para 107 mil espectadores.

Hasta no ver esos datos yo jamás hubiera creído que ese país tuviera tantos aficionados al fútbol como para llenarlo, pero, ¡vaya usted a saber!, a lo mejor a veces lo utilizan para otras cosas, como cárcel, por ejemplo. El edificio más alto del mundo se encuentra en Abu Dabi, se llama el Burj Khalifa. He tenido la oportunidad de verlo desde un avión cuando despegaba de una escala en el aeropuerto Zayed, ubicado a unos 30 minutos del centro de la ciudad, lamentablemente no dispuse de tiempo para visitarlo, dejándolo dentro de mi “bucket list”, o sea mis planes para el futuro, que espero poder realizar.

¿Cuál será el destino de ese estadio y ese edificio en el futuro?

De una cosa podemos estar seguros, no durarán por siempre.

¿Cuánto tiempo pasará hasta que ambos corran la misma suerte del Coliseo en Roma y se conviertan en ruinas o, quizá con suerte, en una atracción turística? ¿Y cuánto para que no sean nada, para que no existan del todo? Ya sea por el paso del tiempo, terroristas, fenómenos naturales, incendios, etc., en algún momento dejarán de existir y en su lugar no habrá ni siquiera ruinas, sólo polvo o, a lo mejor, otra construcción encima. ¿No me lo cree?

Las Torres Gemelas del World Trade Center -en New York- fueron en su momento los orgullosos edificios más altos del mundo y, además, los que servían para establecer el perfil de esa ciudad. De ellos no queda más que el recuerdo y todo apenas en el curso de los 27 años que transcurrieron desde la inauguración hasta su destrucción. No siempre la vida de los edificios es tan corta, pero, al final, inexorablemente, todos se convertirán en ruinas y desaparecerán. La misma suerte correrán todas las ciudades, algún día serán destruidas y, más adelante en el futuro serán sólo leyendas y apenas unas cuantas piedras recordarán dónde estuvieron alguna vez.

La primera gran ciudad fue Uruk, de los sumerios, no queda nada de ella ni de Troya, construida muchos siglos después.

Copán, Chichén Itzá, Machu Picchu, la Gran Muralla China, todas ellas alguna vez fueron el orgullo de quienes las utilizaron, ahora son ruinas y algún día no estarán del todo.

Pueden durar mucho, es cierto, como las pirámides de Egipto, pero el tiempo está en su contra, como lo está en contra de todo, el ser humano -usted y yo- y todos los demás.

En cuanto a seres vivos, los dinosaurios reinaron sobre la Tierra millones de años, de ellos sólo quedan unos cuantos huesos enterrados por aquí y por allá. Revisando todos los datos con que inicié este artículo y el resto de las cosas que en él apunto, ¿existe de verdad una razón para que algunos sacrifiquen el honor, la tranquilidad y hasta el buen nombre de su familia por un poco de riqueza, poder o efímera fama? ¿Quién diablos creemos que somos? Apenas una bacteria en el inmenso cosmos, nada más.

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